viernes, 29 de noviembre de 2013

La Casa Gótica de Santiago de Compostela




HdC. Lo que en Santiago de Compostela se conoce como la Casa Gótica son los restos de lo que se supone era un palacio medieval mucho más extenso, ejemplo de la arquitectura civil compostelana de estilo gótico (s. XIV). Desde 1951 acoge el Museo de las Peregrinaciones, que actualmente comparte con el antiguo edificio del Banco de España en la Plaza de Platerías. Conserva elementos originarios como la parte baja, la puerta de su fachada principal y ventanas con arcos apuntados. Destacan también los canecillos esculpidos con diferentes motivos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Antiguo Hospital de S.Lázaro





Hdc. Ya desde el s.XII, la ciudad contaba, en la entrada del Camino Francés, con un hospital dedicado expresamente a los enfermos de lepra, en el que se atendía únicamente a los hombres ya que las mujeres se derivaban a otro centro similar ubicado en Santa Marta.
La vieja leprosería de Compostela estuvo perdida durante siglos hasta que resurgió tras unas obras de restauración hechas por la Xunta de Galicia en una de sus sedes.
Al entrar en Santiago por el barrio de San Lázaro, un poco antes de pasar la Iglesia, hay un edificio a mano derecha que acoge la Dirección Xeral de Montes, identificado así en su exterior, que esconde estos restos. Se trata de un edificio administrativo. Para poder ver los restos habrá que identificarse en los arcos de seguridad de la entrada.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El encanto de Pons Fiterie sigue incólume

HdC. El Códice Calixtino se refiere a un Pons Fiterie. Y sin el menor atisbo de duda es ese uno de los grandes hitos del Camino Francés. Porque se refiere nada menos que al Puente Fitero, muy cerca de su impresionante hospital de peregrinos puesto bajo la advocación de San Nicolás.

El puente tiene hoy en día 7 arcos, pero fue mayor y presumió de 11. Fue Alfonso VI quien lo mandó construir, y en la actualidad un extremo se fija en la provincia de Burgos y otro en la de Palencia, y abajo, el río Pisuerga. Su estado es excelente, tras el arreglo en profundidad de los primeros años de este siglo.

Una vez en suelo palentino, el primer pueblo ha sido bautizado como Itero de la Vega. No era así en tiempos medievales, puesto que el Camino lo dejaba a un kilómetro de distancia. Ahora se cruza y se sale de él… por pistas de concentración parcelaria. Pero ese pequeño borrón no logra oscurecer el magnífico recuerdo del venerable Pons Fiterie que el peregrino se llevará para siempre.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El cementerio de Lavacolla

HdC. Pasado el día de Difuntos, de tanta raigambre en la tradición cristiana, los visitantes de los cementerios de los Caminos de Santiago habrán tenido la ocasión de contemplar algunos con personalidad propia desde el punto de vista estético. No es lo que el peregrino más ve, ni tampoco suele detenerse en ellos, pero algunos rompen esta norma no escrita y se van convirtiendo en pequeños y entrañables hitos del Camino. Quizás el más emblemático en el Camino Francés, en su tramo gallego, sea el de Lavacolla. Y es que, tras bordear el aeropuerto compostelano del mismo nombre y descender suavemente, el peregrino se encuentra con un espacio abierto con uno de sus laterales ocupado por un cementerio de alta entrada. Llama la atención, sin duda, y sin duda también por eso raro es el que no se detiene en él. Merece la pena.

jueves, 24 de octubre de 2013

Reivindicando la ermita de Espandariz

HdC.El Camino de Invierno sigue siendo algo de muy pocos. Por supuesto que le gustaría acoger a más peregrinos, pero hay lo que hay y las cifras son las que son. Patrimonio tiene, por lo general pequeños hitos. Uno de estos últimos es el pequeño templo de Espandariz, construido en pizarra, y a reivindicarlo están dirigidas estas líneas. El caminante va a pasar delante de él cuando sale de Quiroga (Lugo) por la carretera vieja a Monforte (paralela a la moderna N-120) y deja a la izquierda el puente que salva el Sil hacia San Clodio. Las siguientes casas conforman el núcleo de Espandariz, un topónimo sin duda con orígenes suevos.

martes, 1 de octubre de 2013

La Iglesia de Santiago de Padrón


HdC. Hoy quizá no nos diga mucho, pero la actual Iglesia de Santiago de Padrón (de mediados del s.XIX)  se construyó sobre otra antigua fundada en el lugar en el que arribó a Galicia el cuerpo del Apóstol Santiago. En el s.XII fue reconstruída por el Arzobispo Gelmírez, según se recoge en la Historia Compostelana. Por entonces contaba con 3 naves y estaba atendida por 12 canónigos.

La iglesia fue completamente reconstruida con posterioridad. De la antigua construcción de Gelmírez queda una inscripción en el muro del Evangelio (el que actualmente se orienta al "espolón"). Bajo el altar no hay que perderse el pedestal o columna al que, según la tradición, se ató la barca que trajo al Apóstol Santiago desde Palestina.

Su tradición jacobea es indiscutible, y así ha ido recogiéndose a lo largo de la historia.

Por ejemplo en enero de 1581 visitaba esta iglesia un peregrino alemán, Erich Lassota de Steblau. Dejó escritas en su diario las notas que recogemos a continuación, tomadas de la Historia de López Ferreiro:

 "En la iglesia de la villa se halla en el altar mayor la imagen de Santiago con una corona en la cabeza, que acostumbran ponérsela los peregrinos... En medio de la iglesia se encuentra un túmulo de un santo con una reja de madera alrededor, donde suelen dormir los peregrinos y hacer sus rezos."

La presencia allí de peregrinos la recoge también Ambrosio de Morales en su Viaje (1866), el que realizó por orden de Felipe II a Galicia, León y Asturias, para reonocer las reliquias y libros manuscritos de catedrales y monasterios. Así, dice: "También en el altar mayor de esta iglesia hay imagen de Santiago con escaleras a los lados para subir y bajar, y con corona de latón colgada sobre la cabeza, y así hacen también allí los peregrinos su romería de la manera que en la iglesia de Compostela".


lunes, 9 de septiembre de 2013

Diego Gelmírez, Obispo de Santiago de Compostela




HdC. "Diego Gelmírez. Báculo de gloria en Compostela". Es el título de un librito muy completo  sobre el más importante de los obispos de Santiago de Compostela, editado por el Consorcio de Santiago dentro de la Colección Juvenil Historias de Santiago, de Estro Montaña (autor) y Jaime Asensi (ilustrador).

Sin duda por tratarse de una colección dirigida a los más jóvenes está escrito en un lenguaje muy sencillo. Su contenido es rigurosamente histórico pero se hace sin embargo muy ameno. De hecho se lee casi como un libro de aventuras. Nos habla no sólo del propio obispo compostelano y su labor en la ciudad de Santiago sino también de la convulsa época en la que vivió, entre las batallas de la Reconquista, las guerras entre los distintos reinos de la península, o las revueltas en Galicia de 117 y 1136.

Su puesta al frente de la flota frente a los ataques musulmanes o la construcción de galeras para combatir al enemigo, han dado pie a autores gallegos como Manuel Murguía a definirlo como el fundador de la Marina española. Pero para nosotros Gelmírez fue, ante todo, el impulsor de la ciudad de Santiago: además de su labor en la Catedral y la formulación de la ciudad como una de las principales urbes cristianas de Europa, fomentó la reconstrucción y construcción de iglesias, abrió nuevas calles, se preocupó por la conducción de aguas y promovió incluso la creación de maravillosas fuentes como la del Paraíso.

Todo ello se recoge en el libro que el autor tuvo el acierto de rematar con varios fragmentos de la Historia Compostelana, encargada por Gelmírez, y que a modo de cantar de gesta, cuenta la historia de la ciudad desde el año 900 hasta la muerte del propio Gelmírez en 1140, un hombre "astuto y ambicioso" pero también "de una inteligencia superior", según se recoge en la publicación.

martes, 3 de septiembre de 2013

La Torre del Reloj de la Catedral de Santiago ya libre de andamios

 
La Torre del Reloj desde la Rúa do Villar. Fotografía: Adolfo Enríquez

E.G. Después de tres meses de obras, la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago de Compostela está otra vez a la vista. Es una pena que los visitantes y peregrinos no hayan podido disfrutarla este verano, sobre todo porque no era el único elemento emblemático de la Catedral tapado (el Pórtico de la Gloria sigue bajo andamios). Pero es evidente que en Galicia este tipo de obras hay que realizarlas en verano.

Además de otros trabajos de conservación e impermeabilización, la Torre ha quedado de color granito claro, casi color arena;, y sin musgo, vegetación y aquellos grandes manchones oscuros que prácticamente impedían reconocer sus detalles. Incluso para los compostelanos es un placer disfrutarla así. Ahora se ven perfectamente los escudos y se perciben los relieves y ornamentos. Para muchos es casi, casi, una torre nueva.

Uno de los juegos que practicábamos los niños y estudiantes de Compostela era apostar a ver quién podía subir las escaleras de Platerías de dos en dos mirando hacia la torre. Los que aseguraban que sí perdían irremediablemente porque la escalinata tiene un número impar de peldaños. Pero todos la subíamos mirando hacia arriba para sorprendernos con la ilusión óptica que se produce: parece que la Berenguela, como también se la conoce, se nos viene encima.

La Berenguela se inició como torre de defensa y según algunos autores la terminó en el s.XIV el arzobispo Berenguel, de quien tomó su nombre popular. Después sufriría varias reformas, como su elevación, ya en el s. XVII, por Domingo de Andrade. Su actual reloj se construyó en Ferrol en 1831; y la campana, de 1729, es una de las mejores del mundo: pesa unos 600 Kg y tiene 8 m. de circunferencia, cifras muy aproximadas a la de la
Catedral de San Pablo de Londres.

lunes, 26 de agosto de 2013

Un puente casi olvidado de Ponferrada por el que discurre el Camino de Invierno

HdC. Cuando se sale de Ponferrada por el poco frecuentado pero no por ello menos histórico Camino de Invierno la etapa depara una primera y agradable sorpresa. Y es que, en efecto, hay que circular por un puente que permite salvar el río Boeza. La obra es de dimensiones respetables, y quizás injustamente ha sido olvidada mucho tiempo. Se especula con que es posible que ese arrinconamiento se deba a que no se trata de un puente romano –cuando en todo el noroeste hispánico se atribuyen a las legiones la construcción de cuanto puente había–, sino que data del siglo XVI.

martes, 13 de agosto de 2013

La fuente de Santa Irene empieza a caer en el olvido

HdC. Hay hitos grandes e hitos pequeños. Al menos en los Caminos de Santiago. Los primeros figuran en cualquier guía que se precie, los segundos son, sin embargo, más estimados por los amigos de lo encantador y de lo encantado, de las pequeñas cosas que alegran -y hasta justifican- el ir poniendo un pie delante del otro kilómetros y kilómetros.
La fuente de Santa Irene se encuadra en el capítulo de los pequeños. Si se quiere, de los minúsculos. Y además, poco a poco va entrando en el de los olvidados.
Se encuentra en el municipio de O Pino. Es decir, el limítrofe con Santiago, el que se abandona para pisar los aledaños del aeropuerto de Lavacolla. Pero antes del albergue de Pedrouzos, y unos metros también antes del de Santa Irene, se alza la fuente de la fotografía, vecina de un templo tan sencillo como antiguo. Su estado es aceptable, aunque siempre podría ser mejor, pero las visitan escasean más y más. El porqué resulta fácil de entender.
Desde O Cruce el Camino baja en paralelo a la carretera Lugo-Santiago, que queda justo a la izquierda. Y en determinado punto la cruza por abajo, por un túnel de cemento sinceramente feo y pintarrajeado. Ante los ojos, el albergue de Santa Irene. De manera que los peregrinos, con mucha lógica, tienen a caminar hacia esta, que dista sólo dos centenares de metros escasos y a olvidarse del poco atractivo túnel.
¿Ese es el Camino? No. Esos doscientos metros no figuran en el Camino oficial. Para seguir este no queda otro remedio que recorrer el túnel, dejar la fuente y la iglesia a la izquierda, pisar asfalto, tener la carretera a la diestra, cruzarla –muy peligroso- y llegar al albergue, una vuelta que no tiene ningún sentido excepto uno: el histórico. Y ahí está la fuente para demostrarlo.

martes, 2 de julio de 2013

Cáparra, sobre la Vía de la Plata



HdC. Que la Vía de la Plata se dibujó sobre una venerable vía romana es algo sabido. Y en algunos tramos la calzada construida para facilitar el paso de las legiones queda al descubierto. Quizás el caso más llamativo sea el de Cáparra, la antigua Capara de Ptolomeo, remate del denominado Tramo 10 de esa ruta de peregrinación cuando se pisa suelo extremeño y lugar que comenzó a despoblarse en la Edad Media con la llegada de los musulmanes.



Poco antes de llegar a ese final de etapa, a partir del caserío de Casablanca un hito apunta por dónde seguir, entre una arboleda espesa y bella entre la que se distingue, allá al fondo, el arco cuadrifonte de Cáparra. El caminante se acerca a un impresionante yacimiento arqueológico que fue parcialmente excavado. Entre los hallazgos, justo al lado de dicho arco apareció el miliario CX, que indicaba que 110 eran las millas que separaban la mansión romana del centro de poder y cultura que fue Augusta Emérita. Y muy cerca abre sus puertas el Centro de Interpretación General de la Vía de la Plata. Sin duda el conjunto conforma otro hito de los caminos jacobeos.

Foto original en  http://www.viajarporextremadura.com/cubic/ap/cubic.php/doc/La-ciudad-romana-de-Caparra-290.htm

miércoles, 26 de junio de 2013

Sobrado dos Monxes y su cañón




HdC. Un gran hito. Nadie lo niega. Histórico y actual. Porque el gran monasterio de Sobrado dos Monxes (Camiño Norte, A Coruña) ha sido recuperado para la vida religiosa y de peregrinación gracias a una comunidad que lo reconstruyó y lo habita. La mayoría de los caminantes que pasan ante él se detienen un par de horas como mínimo, cuando no duermen en su humilde hospedería. Su tienda de recuerdos es acogedora y la oferta realmente muy variada, desde vino de Navarra a galletas de Pontevedra, siempre elaboración de los monjes y monjas. Tiene un punto negro: la enorme e impresionante iglesia se ve abandonada, no de la mano de Dios, pero sí de la de los hombres: las humedades atacan sin miedo a que nadie les ponga coto.
Y una anécdota muy poco conocida. Los montes de la retaguardia, viejos y bajos, forman la sierra de Bocelo, refugio de los carlistas en el siglo XIX. Una de las partidas quedó cercada en el entonces abandonado monasterio, y tras varios días de acoso los realistas trajeron un cañoncito. Y no tuvieron el menor remilgo en disparar contra aquellas venerables paredes. Hoy ni siquiera ese suceso queda en la memoria popular. Y por supuesto, ni rastro de las balas en las pared

es.

jueves, 6 de junio de 2013

La iglesia de Tysted, Peder Kaeller y el peregrino profesional



HdC. Tysted es un pueblo pequeño y tranquilo de la península de Jutlandia. O sea, Dinamarca. Y tiene una iglesia de lo más sencillo, como suele ser habitual enlos países nórdicos: una sola nave, una torre que remata en tejado, blanca la primera y con ladrillo a la vista la segunda. Nada del otro mundo. Pero muy importante cuando se habla del Camino de Santiago porque allí está enterrado Peder Kaeller. ¿Y quién fue Peder Kaeller? Pues un danés que a finales del siglo XIII o principios del XIV peregrinó a Jerusalén y a Santiago, algo habitual entonces –Martín Lutero aún no había venido al mundo- en toda Europa. En su tumba está representado con una palma y su bolsa muestra una concha de vieira. Lo curioso es que todo apunta a que se trata de un peregrino profesional, como recoge la profesora e hispanista Grethe Christensen en uno de sus trabajos.


Para entender lo que era un peregrino profesional hay que hacer el esfuerzo de situarse en aquellos años. ¿Quiénes iban a los grandes centros de devoción y de poder de la Iglesia católica, la única imperante entonces en casi toda Europa? Pues hombres jóvenes y sanos. De manera que si una mujer o un hombre mayor o un enfermo hacían una promesa al Apóstol Santiago estaba claro que no podrían ir en persona, de manera que pagaban a otros. A modo de ejemplo, la profesora Christensen asegura que en 1412, cuando falleció la reina Margarita I de Dinamarca, fueron enviados a Compostela tres peregrinos con el fin de que el alma de la soberana danesa descansara en paz.


domingo, 28 de abril de 2013

Equipo para el Camino de Santiago: el bordón

E.G. No hay peregrino sin bordón. Los más valiosos, los de avellano de Pablito, de Azqueta, en Navarra, el hombre de las mil varas, que pasa los inviernos preparando docenas de bordones que después regala a los peregrinos según pasan por su villa. Por la mañana se apuesta en lo alto para ver pasar a los peregrinos, y "elegir" a quienes de ellos regalar bordones. Lo dará si llevas uno que no se ajuste al Camino de Santiago, o si no lo llevas, o si a él le parece torcido. Si se va muy temprano por allí, quizá incluso os invite en su casa a desayunar leche con cacao y galletas. Y ojo. Pablito "regala" bordones para el Camino pero no los "da". Una puntualización que repite incansablemente. Lo que hace es llevar al peregrino al rincón donde los guarda y ofrecerle que él mismo lo elija. Es, para él, la diferencia entre dar y regalar.

Pablito es ya toda una institución en el Camino a Santiago. Pero si no se quiere esperar a pasar por Azqueta y quizá tener la suerte de cruzarse con él, puedes ya prepararlo con la mochila, las botas, la gorra y la cantimplora.


Durante siglos el bordón era para el peregrino un útil imprescindible en el Camino. Servía para cargar el agua, en la calabaza o la bota. También como punto de apoyo al caminar. Y sobre todo como arma para espantar a las alimañas que por entonces sí poblaban (y en cantidad) los caminos. La mayor parte de las imágenes del Apóstol Santiago peregrino incluyen el bordón. Y hay alguno mucho más que famoso, como el que se conserva en la Catedral de Santiago, muy cerca del Altar Mayor, con una larga historia que os contaremos cualquier otro día.

Para conseguirlo, lo propio es adentrarse en el bosque y elegir una rama larga y delgada, preferiblemente de avellano o castaño, porque son maderas regias y flexibles. Trabajar la rama hasta reducir todos los brotes, dejarla lisa al tacto en la zona por donde se ase y convertirla en un bordón de peregrino es una de las más gratificantes tareas previas a la salida hacia al Camino, o incluso de los primeros días en ruta. La altura es importante. El bordón no se usa como bastón sino como apoyo, asiéndolo con la mano elevada a la altura del pecho, aunque esto va más con el modo de caminar de cada uno.

Si hacerlo no convence, y seguimos sin querer esperar hasta Azqueta, se puede optar por comprar alguno por Internet. Hoy se pueden encontrar de todas las tallas, maderas y formas, desde unos 5 euros y los gastos de envío.

También se podría optar por bastones de los que se utilizan para el senderismo o montañismo. Cumplen igualmente su función de servir de apoyo en las vías más incómodas, como aquellas con demasiada piedra, o cuando bajamos cuestas muy empinadas, que es cuando más se agradece (sobre todo por las rodillas) contar con un punto de apoyo. Pero para muchos peregrinos el bastón no resulta cómodo por su poca altura. Es más confortable asirlo a la altura del pecho, o al menos a la de la cintura.

Una última recomendación. A los que sois de Santiago o alrededores, quizá os compense pasar por la Oficina del Peregrino. Allí dejan muchos peregrinos su bordón, porque no se los quieren llevar de regreso o precisamente para que otros que parten los reutilicen. Los de Pablito se reconocen enseguida: tienen unos 2,5 cm. de diámetro, sobre 1,50/1,60 m. de altura, están hechos de avellano, en su mayoría son espectacularmente rectos y están cuidadosamente lijados para que las manos de los peregrinos sufran lo mínimo posible.

miércoles, 24 de abril de 2013

Villafranca de Montes de Oca, restos de un pasado cargado de historia





HdC. “Una villa de pobre caserío”, decía el historiador José María Lacarra. Se refería a Villafranca. No a la del Bierzo, sino a la de Montes de Oca, vecina de la antigua sede episcopal visigoda bajo el nombre de Auca (o sea, oca en latín). Una sede que el rey Alfonso VI mandó trasladar a Burgos cuando el calendario marcaba el siglo XI. En Villafranca se construyó un hospital en los momentos más activos de las peregrinaciones, y a partir de ahí fue creciendo la población. Tanto que en el siglo XIV se inauguró el hospital de San Antonio, rehabilitado en años recientes, con el escudo de los Reyes Católicos en su fachada. La iglesia local, claro está, fue puesta bajo la advocación de Santiago. Hoy todo ello rebosa humildad, pero no le resta grandeza.



Nota de HdC: la foto ha sido tomada de este blog. 
Agradecemos a su autor que la haya compartido.
 http://elcaminodesantiago21.blogspot.com.es/2012/06/etapa-07-sto-domingo-de-la-calzada.html