domingo, 28 de abril de 2013

Equipo para el Camino de Santiago: el bordón

E.G. No hay peregrino sin bordón. Los más valiosos, los de avellano de Pablito, de Azqueta, en Navarra, el hombre de las mil varas, que pasa los inviernos preparando docenas de bordones que después regala a los peregrinos según pasan por su villa. Por la mañana se apuesta en lo alto para ver pasar a los peregrinos, y "elegir" a quienes de ellos regalar bordones. Lo dará si llevas uno que no se ajuste al Camino de Santiago, o si no lo llevas, o si a él le parece torcido. Si se va muy temprano por allí, quizá incluso os invite en su casa a desayunar leche con cacao y galletas. Y ojo. Pablito "regala" bordones para el Camino pero no los "da". Una puntualización que repite incansablemente. Lo que hace es llevar al peregrino al rincón donde los guarda y ofrecerle que él mismo lo elija. Es, para él, la diferencia entre dar y regalar.

Pablito es ya toda una institución en el Camino a Santiago. Pero si no se quiere esperar a pasar por Azqueta y quizá tener la suerte de cruzarse con él, puedes ya prepararlo con la mochila, las botas, la gorra y la cantimplora.


Durante siglos el bordón era para el peregrino un útil imprescindible en el Camino. Servía para cargar el agua, en la calabaza o la bota. También como punto de apoyo al caminar. Y sobre todo como arma para espantar a las alimañas que por entonces sí poblaban (y en cantidad) los caminos. La mayor parte de las imágenes del Apóstol Santiago peregrino incluyen el bordón. Y hay alguno mucho más que famoso, como el que se conserva en la Catedral de Santiago, muy cerca del Altar Mayor, con una larga historia que os contaremos cualquier otro día.

Para conseguirlo, lo propio es adentrarse en el bosque y elegir una rama larga y delgada, preferiblemente de avellano o castaño, porque son maderas regias y flexibles. Trabajar la rama hasta reducir todos los brotes, dejarla lisa al tacto en la zona por donde se ase y convertirla en un bordón de peregrino es una de las más gratificantes tareas previas a la salida hacia al Camino, o incluso de los primeros días en ruta. La altura es importante. El bordón no se usa como bastón sino como apoyo, asiéndolo con la mano elevada a la altura del pecho, aunque esto va más con el modo de caminar de cada uno.

Si hacerlo no convence, y seguimos sin querer esperar hasta Azqueta, se puede optar por comprar alguno por Internet. Hoy se pueden encontrar de todas las tallas, maderas y formas, desde unos 5 euros y los gastos de envío.

También se podría optar por bastones de los que se utilizan para el senderismo o montañismo. Cumplen igualmente su función de servir de apoyo en las vías más incómodas, como aquellas con demasiada piedra, o cuando bajamos cuestas muy empinadas, que es cuando más se agradece (sobre todo por las rodillas) contar con un punto de apoyo. Pero para muchos peregrinos el bastón no resulta cómodo por su poca altura. Es más confortable asirlo a la altura del pecho, o al menos a la de la cintura.

Una última recomendación. A los que sois de Santiago o alrededores, quizá os compense pasar por la Oficina del Peregrino. Allí dejan muchos peregrinos su bordón, porque no se los quieren llevar de regreso o precisamente para que otros que parten los reutilicen. Los de Pablito se reconocen enseguida: tienen unos 2,5 cm. de diámetro, sobre 1,50/1,60 m. de altura, están hechos de avellano, en su mayoría son espectacularmente rectos y están cuidadosamente lijados para que las manos de los peregrinos sufran lo mínimo posible.

4 comentarios:

  1. Que buena historia! Un nuevo hito para mi!
    Que buen hombre es Pablito. Otro ejemplo de la maravillosa influencia del Camino sobre todos que lo caminan.

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  2. Efectivamente lo es.
    Pablito es uno de los personajes más entrañables del Camino.
    Un saludo desde Santiago y gracias por tu comentario.

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  3. Vaya que interesante no conocía yo que hubiese bordones con nombre. Pablito! me gusta! Que generosos los peregrinos que los dejan para que otras personas puedan utilizarlos.Bikiños

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