viernes 16 de marzo de 2012

Ladrillo hecho arte en San Vicente del Palacio

HdC. San Vicente del Palacio es un municipio de Valladolid que se encuentra en pleno Camino del Sudeste. La localidad más conocida antes de ese ayuntamiento es Arévalo, y la siguiente que suena es Medina del Campo. Alfonso X primero y los Reyes Católicos después tienen mucho que ver en su crecimiento primero y en su despegue más tarde.

Por ahí pasan los peregrinos, y raro es el que no se detiene ante su austera iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, aunque su nombre real es San Vicente Mártir. Aquí no hay que esperar el granito gallego, sino el ladrillo castellano que da forma a una sola nave con cúpula y pechinas en el primer tramo, y con los otros tres tramos cubiertos con bóveda barroca decorada con yeserías. Dentro, un notable retablo –de nuevo hay que regresar al barroco- y una cruz procesional labrada en plata en el siglo XVI, la cual procede del pueblo de San Miguel de Sarracino (o Sarracín), desaparecido para siempre en el siglo XIX y del que se conservan unos pocos restos.

El Camino, en efecto, está lleno de hitos. Muchos humildes, todos importantes.

martes 13 de marzo de 2012

Paradoja en la Ruta de la vida

HdC. Son las personas, hombres y mujeres, las que han hecho los Caminos y las razones últimas de la existencia de los Caminos. No son rutas extraterrestres, sino mundanas, pero al mismo tiempo llenas –saturadas- de ilusiones, de deseos, de esperanza. Y también de muerte. Porque miles de anónimos peregrinos dejaron su vida en esa aventura que era –ahora lo es menos- salir de su casa en cualquier parte de Europa y echar a andar hacia Compostela.

De alguna de esas personas, muy pocas, queda constancia. En unos casos, por los registros que se llevaban en los hospitales. En otros, una ínfima cantidad, porque algo los recuerda a lo largo del itinerario. Este es el caso de Guillermo Watt, un peregrino que “abrazó a Dios” cuando tenía 69 años y se encontraba a tan sólo “una jornada” de Santiago. Así lo recuerda una placa colocada en el municipio de O Pino, de cuyo texto está sacado el entrecomillado.

En el Camino, sí, también se muere. Una paradoja en la Ruta de la vida.

lunes 12 de marzo de 2012

La historia también está en las cosas pequeñas

HdC. En el Camino de Santiago, en todos los Caminos de Santiago, hay hitos enormes, magníficos, impresionantes. Y hay otros humildes, sencillos, sin nombre propio siquiera. Los primeros están destinados a permanecer en el tiempo (al menos durante un período largo de tiempo) y cualquier agresión contra ellos será inmediatamente replicada por persona y grupos que defienden y aman el Camino, y su queja y protesta recogida por los medios de comunicación. Los segundos están desapareciendo poco a poco, en silencio, sin que nadie derrame una lágrima por ellos.

Un ejemplo de esto es la fotografía que acompaña a estas líneas: una simple pieza de hierro a la que fueron atadas cientos, quizás miles, de cabalgaduras. Un objeto en desuso cuyo valor no se ciñe a lo utilitario, sino a lo sentimental, testigo mudo de una época que ya forma parte de la historia. Y por eso mismo se merece la misma protección -¡líbrenos Dios de decir herejía alguna!- que el monasterio de Samos o la Ponte Áspera de Sarria.

¿Existe? Sí, claro. Está en las casas de Rúa. Es decir, en el enclave medieval justo antes de llegar a Pedrouzo, hoy capital de O Pino y a su vez municipio limítrofe de Santiago en el Camino Francés. Por muchos años, y usted que lo vea.

martes 6 de marzo de 2012

Santa Irene, una de las fuentes más bonitas del Camino Francés en Galicia


No todos los hitos del Camino están próximos a Compostela, pero quizás algunos de ellos que se hallan demasiado cerca se ven minusvalorados. Puede ser porque a esas alturas el peregrino ya tiene en la cabeza una llegada que intuye próxima; o puede ser que el cansancio haga mella. Pero nadie debería de pasar ante la fuente de Santa Irene -en el ayuntamiento de O Pino y antes de la capital  municipal- sin detenerse en ella un minuto. Para descansar, como se hizo siempre. O para refrescarse si el día lo pide. O sólo para hacerse una foto con ella de fondo.

La fuente sufre otro problema: se localiza al lado de una sencilla y elegante capilla, sí, pero al otro lado de la carretera que une Santiago con Lugo, que se salva en este caso por un túnel. Sin embargo, el albergue de Santa Irene está ahí a la vista, a un par de cientos de metros, y ello impulsa a ir en línea recta –reconozcámoslo: es más seguro, porque así no se cruza dos veces la carretera, por el túnel y luego de vuelta a la margen inicial pasando por encima del asfalto-. Nuestra recomendación: haga el peregrino como le pluguiere, pero no deje de lado la fuente de Santa Irene.

miércoles 22 de febrero de 2012

Lugo, capital del Camino Primitivo a Santiago





E.G. La ciudad de Lugo se abre al peregrino mostrándole su gran muralla, la misma que cruzó el Rey Alfonso II El Casto en el siglo IX. Pisamos entonces una ciudad milenaria, Lucus Augusti, surgida de un campamento militar romano que tenía como misión vigilar el río Miño y desarrollada después hasta convertirse en capital de un extenso territorio que incluía todo el norte de la provincia Gallaecia, casi la actual Galicia. Era además encrucijada de dos vías del Itinerario de Antonio.

El peregrino se adentra en la ciudad antigua por la Puerta de San Pedro o Toledana, reedificada en 1781. Y es imprescindible una parada, para recorrer este monumento Patrimonio de la Humanidad. Paseando por su adarve veremos toda la ciudad, y podremos hacernos idea de su antiguo esplendor. La huella jacobea la encontramos en la Puerta de Santiago, una de las más antiguas, antes de uso privado para el obispo y el cabildo catedralicio. A mediados del siglo XVIII se restauró y se colocó sobre ella la imagen ecuestre de Santiago, apóstol que desde entonces dio nombre a la puerta.

miércoles 15 de febrero de 2012

Visita a la localidad lucense de Fonfría

HdC. Fonfría es hoy en día una pequeña aldea, apenas habitada, entre el puerto de Acevo y A Fonsagrada. O sea, entre la entrada del Camino Primitivo –procedente de Oviedo y Grandas de Salime- y esa localidad que muestra su fuente sagrada, su iglesia de construcción reciente, su parque y su precioso museo etnográfico. Y si cualquiera de esos elementos es un hito en sí, el hospital de Fonfría también lo es. O mejor dicho, lo fue, puesto que ahora A Casa do Hospital ha pasado a la categoría de vivienda privada. Fuentes orales de la zona aseguran que en los años veinte del siglo pasado todavía se alojaban ahí algunos –muy pocos- peregrinos, y algún libro así lo recoge (si bien no cita de dónde lo saca). Un documento lo describe: "… con su oratorio, aposentos, enfermerías, camas y más utensilios necesarios para recoger y darse posada a los pobres transitantes".
El investigador Enrique López Sánchez descubrió, entre otros muchos más datos del que hoy sería llamado albergue, que después de 1747 –sin que se sepa la fecha- el hospitalero era Jacinto Quintana, "morador en la misma casa". Y suerte que tenía, porque ser hospitalero era tener garantizado el sustento gracias a las rentas.
La visita a Fonfría tiene que completarse con la mirada a su iglesia (en la foto), humilde, pequeña y, sin duda, mucho más frecuentada en el pasado que hoy.

lunes 13 de febrero de 2012

La leyenda del Hombre Santo

HdC. Cuenta la leyenda que, allá por el siglo XIV, se juzgó culpable de ser cabecilla de una revuelta a Juan Tuorum, un herrero de la Porta do Camiño, a pesar de que él declaraba una y otra vez su inocencia. Ya condenado a muerte, estaba siendo conducido al rollo para su ejecución cuando, al llegar ante una imagen de la Virgen, cayó a sus pies solicitando que se reconociese su inocencia y orando "ven e váleme". Ante la mirada atónita de todos los presentes, el reo cayó allí mismo fulminado, un hecho que todos consideraron muestra de su inocencia, interpretándose que la Virgen lo había salvado de su ajusticiamiento público.

En aquel mismo lugar se le dio sepultura al hombre, colocándose sobre su tumba el cruceiro que aún hoy se conoce como del Home Santo; nombre que también se le dio a la calle compostelana por la que pasaba antes del milagro. El "ven e váleme" se convirtió popularmente en "Bonaval".

Como en toda leyenda, hay elementos reales que dan verosimilitud al relato. En el caso que nos ocupa, podemos aún hoy ver una inscripción datada en 1330 que hace referencia al alma de Juan Tuorum. Está en el Pórtico que da entrada al cementerio de la Real Cofradía del Rosario, y que en su día era parte del primer Convento de Bonaval.

viernes 3 de febrero de 2012

Balada a Santiago de Federico García Lorca



FEDERICO GARCÍA LORCA: SANTIAGO (BALADA INGENUA)
25 de Julio de 1918 (Fuente Vaqueros, Granada)

 
 Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.

jueves 2 de febrero de 2012

El Pórtico de la Gloria según López Ferreiro

E.G. Algunos conoceréis la Librería Follas Novas, en Compostela, casi una institución para todos los que amamos los libros. Gracias a su colección sobre el Camino de Santiago podemos actualmente acceder a textos de autores clásicos como el que hoy traemos, Antonio López Ferreiro, canónico del cabildo compostelano durante el último tercio del s.XIX y autor de numerosos estudios sobre la Catedral y la ciudad de Santiago, realizados mediante el estudio de los archivos catedralicios.

En dicha colección se publicó, en 1999, "El Pórtico de la Gloria, Platerías y otras puertas de la Basílica", acompañándose el texto con reproducciones de obras de Villafínez y Paz Camps.

El libro nos proporciona una interpretación del Pórtico de la Gloria discutida después por varios autores, pero a nosotros, simples lectores interesados en los Caminos, nos importa poco la teoría que defiende. Hemos disfrutado mucho con su lectura por el estilo con el que va describiendo el Pórtico. Y sobre todo hemos aprendido a respetar aún más esta imponente obra del Románico. "Mateo" - afirma López Ferreiro - propúsose grabar sobre el mármol y el granito toda una epopeya, un divino drama, de más originalidad, en cierta manera, que el de Dante".

Andar es lo que importa

 
HdC. Un objeto de esta cadena no es poco. Un trozo de este itinerario es un albergue de conocimiento, un motivo de poder y energía. Cada símbolo, una oportunidad. Cada etapa, un desafío. Cada lugar, un vestigio. Cada visión, una aventura. Cada forma, una revelación. Cada símbolo, un resultado. Es tiempo de hacer Camino, de poner armonía y seducción en cada paso. Y ahora puedes llevar contigo, pieza a pieza, la fuerza y el saber de una ruta milenaria.