martes, 30 de mayo de 2017

Castrojeriz, donde el peregrino pasa bajo dos arcos góticos




HdC. “Estas escalofriante ruinas, que hacen funciones de granja, repiten la situación de Puente la Reina de Navarra y dan techo con su nártex (atrio porticado contiguo al pórtico de la iglesia) al Camino, hoy carretera. Sobre la pared que antecede al nártex se puede ver el emblema del delfinado, patria de los fundadores de la orden; y bajo el tejadillo abovedado, la portada ojival. Tras el hastial de los pies se abre un magnífico rosetón en el que se adivinan las cruces en tau que formaban un círculo. En conjunto estas ruinas nos ayudan a evocar la legendaria orden que las habitó”.

Son palabras del libro “Curiosidades del Camino de Santiago”, editado en 1992 por El País Aguilar y cuyo autor es Juan Ramón Corpas Mauleón, un gran conocedor de la Ruta jacobea, médico y un buen director de Cultura de Navarra en su día. Se refieren a los restos del monasterio de San Antón o de San Antonio Abad, el primer monumento que se encuentran los peregrinos cuando entran en la villa burgalesa de Castrojeriz. 

El edificio fue palacio de Pedro I de Castilla, y posteriormente pasó a propiedad de la misteriosa orden de los antonianos, disuelta a finales del XVIII. Esas dependencias recibieron su puñalada de muerte con la Desamortización del siglo XIX.

Pero hay que remontarse a mucho antes para encontrar su origen, que todo apunta a que procede buscarlo en 1146, y su fundador no fue otro que Alfonso VII, si bien de aquella obra nada queda y lo que se ve en la actualidad hay que enmarcarlo en el posterior gótico del XIV.

¿Qué tienen hasta de insólito estas ruinas? Que el Camino de Santiago pasa por debajo de los dos arcos del pórtico erguido en el XIV, que protegía la entrada al templo. Una imagen imborrable.

viernes, 12 de mayo de 2017

Grajal de Campos, el castillo enterrado en el Camino de Madrid




HdC. El topónimo Grajal de Campos se asocia inmediatamente a un gran castillo del siglo XVI, puro gótico, levantado entre 1517 y 1521. Esto es la provincia de León, y en ese solar ya existía otra fortaleza en el siglo X (“castello de Graliare”, de Raimundo de Borgoña) cuyo estado era lamentable 600 años después. Sobre todo porque ya se había desarrollado la artillería, y aquellos primeros muros no resultaban idóneos para alojar las piezas necesarias para la defensa. Porque en efecto, este fue el primer castillo artillero de España y hoy punto de parada prácticamente obligada para los peregrinos que siguen el Camino de Madrid, muy activo en los últimos tiempos. Desde ahí al sepulcro del Apóstol distan 364 kilómetros (el Camino de Madrid se une al Francés en Sahagún).

El visitante se va a quedar literalmente con la boca abierta al admirar los cuatro enormes torreones de este monumento nacional (1931), donde se colocaban las piezas de mayor calibre. Y en ese emplazamiento permanecieron hasta que a principios del siglo XVIII el edificio quedó prácticamente deshabitado y empezó su decadencia. 

Tenía un foso con puente levadizo, pero, aunque parezca increíble, no se sabe dónde está. ¿Por qué? Porque la fortaleza fue rellenada de tierra. Encierra también otra curiosidad: entre los años 1833 y 1900 junto al adarve septentrional acogió un cementerio… judío.