lunes, 22 de diciembre de 2014

El Camino en Cataluña: la Mare de Déu del Roure





HdC. Cataluña y Galicia llevan unidos 1.200 años. Que es lo mismo que decir Cataluña y el resto de España, sea escrito sin trasfondo político actual alguno. Porque por esa comunidad autónoma histórica entraban los peregrinos por hasta seis pasos piranaicos diferentes, siendo el más utilizado el mismo que emplea hoy en día la carretera nacional 9 y la autopista (AP 7): lo más próximo al mar posible, porque así se evitaban subidas y bajadas.

De manera que el caminante que tenía el ansia de llegar a Compostela entraba por Le Perthus, exactamente por el collado de Panissars, y encaminaba sus pasos hacia La Jonquera, para continuar por L’Estrada y Biure. Y antes de alcanzar Molins ya se encontraba con el primer hito de este Camino secundario que Cataluña ha señalizado muy bien y hace media docena de años lanzó con fuerza: el santuario de la Mare de Déu del Roure.

El peregrino asciende una loma nada áspera y en su parte superior verá los restos del monasterio y santuario de la Mare de Déu del Roure. El santuario fue bendecido en 1638, y hoy muestra un aspecto ruinoso pero al mismo tiempo cuidado. En este caso no fue el mero paso del tiempo el causante del declive, sino una batalla allí librada en 1794 durante la llamada Guerra del Rosellón. Pero los orígenes de la comunidad religiosa hay que buscarlos más atrás, quizás en el XIII, como afirman varios historiadores. Claro que hasta ahora lo único que se puede asegurar en que en el siglo XV ya existía. Un halo de misterio lo envuelve.

Foto de Gueraujoan para la Wikipedia.

viernes, 19 de diciembre de 2014

El puente gótico de Monreal




HdC. Dice el Códice Calixtino que una de las etapas peregrinas remata en la Mons Reellus. ¿Identificada? Por supuesto. Se trata ni más ni menos que Monreal, en el Camino Aragonés antes de alcanzar Puente la Reina (24 kilómetros separan ambas localidades). El puente de esta última resulta mucho más conocido que el que posee la primera y que permite salvar el río Elorz, pero tanto uno como otro figuran como auténticos hitos del Camino jacobeo.

Tierras navarras, por lo tanto, en las que late Monreal, a la cual García Ramírez concedió el llamado “fuero de los francos” allá por 1149. La población no se dispone en un alto, sino al pie de un gran cerro agreste que llega a los 1.289 metros sobre el nivel de las olas y que figura en los mapas como Higa de Monreal. 

Como es de suponer, allá arriba se construyó un castillo, sustituido hoy en día por una ermita puesta bajo la advocación de Santa Bárbara. Quede constancia de que la panorámica resulta impresionante –el acceso se va a hacer cansino pero nunca difícil-, si bien para el caminante lo más importante es detenerse en el mencionado puente. Verá una obra gótica cuya misión primigenia fue precisamente permitir a los peregrinos salvar la corriente. Como en el gótico se encuadra también el templo que reclama su atención: la parroquial de San Martín, aunque bueno es que el visitante vaya dispuesto a aceptar las modificaciones, ciertamente grandes, que sufrió en el siglo XVIII; un cambio sin duda hasta doloroso, pero necesario porque de otra manera en el XXI sólo quedarían ruinas. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Finaliza la peregrinación homenaje a Elías Valiña


HdC. Tras cuatro sábados de "peregrinación hablada", la Asociación de Periodistas del Camino de Santiago (Apecsa) dio por finalizada en Compostela su conmemoración de los 25 años de la muerte de Elías Valiña. El cura de O  Cebreiro, una pieza clave en la revitalización del Camino en los últimos años, fue recordado por amigos, autoridades y ciudadanos que quisieron agradecer póstumamente el trabajo en pro del Primer Itinerario Cultural Europeo de quien, por ejemplo, inventó las hoy famosas flechas amarillas.

Apecsa contó para este evento con la colaboración de todas las entidades jacobeas de Galicia. En este enlace se puede leer la crónica de la última jornada en el Periódico del Camino.

Fotografía del Periódico del Camino.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Torrenovaes, misteriosa y atractiva




HdC. A Galicia ha llegado el otoño: descenso de Compostelas en Santiago, aunque todos los días suman varios cientos las entregadas. Con este tiempo, algunos peregrinos preferían no acometer la subida a las montañas de Pedrafita y entraban en Galicia siguiendo el curso del río Sil. Es lo que hoy se conoce como Camino de Invierno, ciertamente poco frecuentado (tiene sus problemas para ser reconocido y homologado por la Administración, tema en el cual ni quitamos ni ponemos).

Esa Ruta jacobea pasa, justo antes de llegar a la localidad lucense de Quiroga, ante el castillo de Torrenovaes o Torres Novais. Se trata de una fortaleza que perteneció a la orden militar de San Juan de Jerusalén, reconstruida en parte y mostrando un aspecto misterioso y atractivo. Para levantarlo se eligió un cerro áspero que permitiese una defensa fácil. En realidad, esos muros, fosos, ventanas y puertas circulares son restos de tres bastiones desde los que se contempla el río Sil, arteria vertebradora del Camino. Su máximo esplendor tuvo lugar en los siglos XVI y XVII.

martes, 9 de diciembre de 2014

Fuente del Paraíso, en la que se lavaban los peregrinos al entrar en Santiago de Compostela




HdC. Eso de que cada tiempo tiene su afán goza de múltiples aplicaciones. Porque en cada tiempo los peregrinos tuvieron sus gustos, sus preferencias, sus manías, sus tradiciones. Ellos han hecho la historia jacobea y ellos la transforman.


Así, en la Edad Media los peregrinos no entraban en la catedral compostelana por el Obradoiro, como sucede hoy en día. La larga caminata no remataba en ese campo yermo lleno de restos de los trabajos de construcción de la basílica, lugar de segunda categoría, sino en la plaza de Azabachería, hoy muy reformada y con los moros atlantes allá arriba sosteniendo el frontón, castigo ese –el de soportar todo el peso- debido a no profesar la religión “verdadera”.

De manera que ya tenemos a los fieles descendiendo por lo que hoy es la plaza de Cervantes y girando a la izquierda. O sea, dejando a la diestra el monasterio de San Martiño Pinario y bajando cara a la catedral. Pero no se podía entrar con aquel aspecto externo, de manera que los peregrinos se lavaban (a veces la cara, a veces el cuerpo entero) en una gran fuente que pasó a la documentación como Fuente del Paraíso, un rito muy común en todas las religiones.

Los tiempos, los afanes, las preferencias, las manías, han cambiado. Y la Fuente del Paraíso fue jubilada lejos de los peregrinos. La foto lo dice todo: apartada, en el claustro, ya nadie se acuerda de uno de los grandes -¡enorme!- hitos del Camino.