miércoles, 30 de diciembre de 2015

Don Gaiferos, célebre peregrino a Compostela





HdC. Don Gaiferos es sin duda uno de los personajes jacobeos medievales más entrañables. Su historia llegó hasta nosotros a través de un romance popular, que a mediados del s.XX se hizo también música gracias a Faustino Santalices. ¿Pero quién era en realidad Don Gaiferos?¿Existió?¿Se trata en verdad de un romance tomado de la tradición oral, como se afirma?

En el romance se relata la historia del caballero Gaiferos de Mormaltán, protagonista de uno de los milagros de Santiago más conocido y extendido entre los peregrinos actuales, quizá por su gran componente trágico. Don Gaiferos, con barba cana, ojos verdes y pies muy castigados, peregrina agotado hacia Santiago por los durísimos caminos medievales. En ruta se cruza con un soldado que regresa a su Compostela natal tras siete años de ausencia; y juntos llegan y entran en la Catedral. El anciano caballero se postra emocionado ante el altar y allí mismo fallece, tras agradecer al Apóstol el haberle permitido alcanzar la ciudad.

Así parece que fue la historia y así nos la han hecho llegar. Manuel Murguía, historiador, escritor y pieza clave del Rexurdimento en Galicia, recogió el romance en su gran obra Galicia, destacando que se trataba de la plasmación popular de un hecho acaecido en el s.XII. El caballero peregrino sería Guillermo X, el último Duque de Aquitania, buen amigo del arzobispo Xelmírez y muerto al pie del altar el Viernes Santo de 1137, tras llegar a Compostela en peregrinación. 

Más tarde otros investigadores como Isidoro Millán, Conde de Quirós, ahondaron en el paralelismo y llegaron a igual conclusión. Don Gaiferos era efectivamente el Duque de Aquitania, hijo de Guillermo IX El Trovador, y padre de Leonor, una de las grandes protagonistas del s.XII en Europa, que llegaría a ser reina consorte de Francia y de Inglaterra. Un personaje que se convirtió muy pronto en leyenda.

Si la verdadera historia del Duque se pierde en la primera mitad del siglo XII no sucede lo mismo con el romance de Don Gaiferos de Mormaltán. Expertos en literatura medieval afirman sin dudarlo que el poema recogido por Manuel Murguía como de tradición popular es en realidad un texto apócrifo, creado por el propio Murguía en su afán por defender la existencia de un romancero propio en Galicia, y recogido luego como real en diversas antologías.



domingo, 27 de diciembre de 2015

La 'espiritada' de Gonzar, en O Pino




HdC. La historia que hoy traemos se refiere a una mujer, Josefa de la Torre, que logró sobrevivir 42 años sin comer ni beber,  cuestión que certificaron las autoridades religiosas, civiles y médicas de la época. Es la Enferma de Gonzar, como se la denominaba en el ámbito científico, o la espiritada, que es como la conocían en Gonzar, en el Ayuntamiento de O Pino, cerca del paso del Camino Francés.

Josefa de la Torre había nacido a finales del s.XVIII y llegó a tener 3 hijos hasta que en 1806, con 33 o 34 años, comenzaron los graves problemas de salud que la llevarían a su letargo. Tras un enfriamiento, Josefa sufrió un “parasismo”, o “desconexión” –así se describe-, una especie de pérdida de conciencia que se repetiría en los siguientes meses hasta dejarla encamada, inmóvil en posición fetal, y rechazando ingerir alimentos o bebidas. El cura de su parroquia, José Jacinto del Río, la visitaba primero una vez al día, después una vez a la semana y finalmente una vez al mes, mostrándose “enteramente persuadido de que vivía sin comer”. En los 42 años que ella sobrevivió a aquel primer sacerdote le sucedieron otros tres. Todos realizaban una visita mensual, en la que la enferma se confesaba y comulgaba, único alimento éste, la Hostia consagrada, que entraba por su boca.

El arzobispo compostelano Rafael de Vélez decidió investigar. Para ello dispuso que durante las 24 horas de 17 días continuados Josefa estuviese vigilada por un grupo de religiosos de su entera confianza hasta confirmar que, efectivamente, la mujer no probaba bocado ni bebía líquido alguno. Desde la Universidad compostelana, el  Dr. José Varela de Montes veló a la enferma 13 días y proporcionó un completo informe a la Real Academia de Ciencias Naturales sobre la extraordinaria capacidad de Josefa para resistir de forma natural la falta de agua y alimento. En su explicación, el Dr. Varela afirma que Josefa no necesita alimento porque no consume energía.

Curas, militares y doctores supervisaron su letargo en busca de signos de fraude que nunca encontraron. Josefa falleció en 1848, a los 75 años de edad, tras haber pasado 42 de ellos sin moverse, comer, beber e incluso casi hablar. Josefa de la Torre descansa desde entonces bajo el altar de la Iglesia de Santa María de Gonzar.

martes, 22 de diciembre de 2015

El pasado romano de Quintanilla de la Cueza




HdC. Plena Tierra de Campos, escenario palentino del paso de millones de peregrinos desde el siglo IX. Ahí es donde está Quintanilla de la Cueza, una localidad encuadrada en el municipio de Cervatos de la Cueza. O sea, tierra de romanos, porque la primera parte del topónimo procede de quinta, palabra latina que significa villa en el capo. Y tierra, también, germánica, y así lo demuestra Goza o Gozán, vocablo de significado desconocido que da lugar a Cueza. No faltan autores que detengan su atención en que en la zona se llaman cuezas las hondonadas.

Hoy en día siguen pasando muchos peregrinos por allí, y los 34 habitantes del lugar ya están acostumbrados a ellos (Hace siglo y medio había 21 casas y 109 almas en ellas). Los caminantes detienen su mirada en la iglesia de la Asunción con artesonados mudéjares y un retablo del Renacimiento, y quienes tienen tiempo para un pequeño desvío se fotografían en el asentamiento de la villa romana de Tejada. Estarán entonces en una explotación agrícola cuyos comienzos hay que buscarlos en el siglo II y que se mantuvo pujante y viva durante trescientos años. Ahí están la piscina, el hipocausto (sistema de calefacción) y la piscina. Unas maravillas al lado del Camino de Santiago más frecuentado.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

O Cebreiro: una cruz a la que nadie se resiste




HdC. No son muchos los que se resisten a continuar un poco más allá aunque la ladera se empine. Total una vez aquí, después de la paliza que significa y dignifica subir el puerto de O Cebreiro, por unos metros más no vamos a dejar de visitar esa cruz, altiva y atrayente, sencilla y humilde, que se alza en lo alto de ese monte a cuyo pie abre sus puertas el albergue local. Ese es el pensamiento dominante. Y una vez arriba, el peregrino ve que sus antecesores han ido incrustando monedas en la madera, y se ve tentado a hacer lo mismo.

Pero lo cierto es que esa cruz no es antigua, es muy nueva, y se colocó sin finalidad religiosa inicial cuando Elías Valiña, el redescubridor y gran valedor del Camino de Santiago, andaba por aquellos pagos. Y cierto es también que gracias a las visitas de los peregrinos se ha convertido en otro hito del Camino.