miércoles, 29 de enero de 2014

El depósito de sanguijuelas del Hospital Real de Santiago de Compostela, hoy Hostal de los Reyes Católicos



 HdC. El Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela es el edificio civil renacentista más importante de España y el mejor diseñado para cumplir la función para la que fue creado en 1499: ser un hospital que sanara cuerpo y alma de los peregrinos que llegaban a Compostela tras recorrer el Camino de Santiago.

 Hoy, huéspedes y peregrinos pasean por el Patio de San Juan y se sorprenden al advertir inscrito en la piedra: "Hízose en 1848 este depósito de sanguijuelas para sangrar a los enfermos".






En la actualidad solo hay una ventana sobre estas letras talladas, pero en un pasado no tan lejano un recipiente guardaba aquí los gusanos chupasangre usados por los médicos del Hospital Real de Santiago. Si nos remontamos aún más atrás en el tiempo, encontramos en este mismo hueco una sala de braseros y agua caliente. El edificio que mandaron construir los Reyes Católicos en 1499 con fines hospitalarios disponía de un eficaz sistema de calefacción que conducía el calor de la leña hacia las estancias por túneles o glorias; de ahí viene la expresión "estar en la gloria". Lejos de caer en desuso, estos conductos se utilizan todavía hoy para canalizar el aire acondicionado y las salidas de humos tras la reconversión del edificio en Parador en 1954.

miércoles, 22 de enero de 2014

Santiago de Compostela: durmiendo con herejes





Elena Goyanes. Corría el año 1726. El Tribunal de la Inquisición de Galicia, asentado en Santiago de Compostela desde 1574, pretendía ampliar su sede en el Pazo de Monterrei, en la plaza de S. Miguel, para alegría de los benedictinos de S. Martiño Pinario, que en el fondo deseaban deshacerse de unos vecinos incómodos. La Iglesia gallega nunca había congeniado con la Inquisición: todo eran conflictos jurisdiccionales, querellas y problemas económicos. Tampoco los restantes poderes locales la aceptaban de buen grado. Hasta en dos ocasiones falló la creación del Tribunal antes de que el propio rey Felipe II lo tomase como una cuestión de Estado. El gallego fue el último en crearse en la península. 
 
La ampliación resultó ser la excusa perfecta para S. Martiño Pinario. Para ello buscó, compró y remodeló otro palacio, esta vez extramuros, frente a la Porta da Mámoa, sobre el solar en el que hoy se asienta el Hotel Compostela. Se conocía como la Casa Grande del Hórreo, o Casa de Calo, por su propietaria, María de Calo y Temes. 

En la nueva sede el Santo Oficio debía acomodar todas sus instalaciones: dependencias para el Inquisidor y sus funcionarios; celdas; salas de audiencias; la “sala del secreto” , donde se oían las confesiones; estudios, almacenes,graneros… La Casa de Calo parecía poder acogerlo todo. Según parece, existía ya mediados del s.XVII. Exteriormente (se conservan fotos) recordaba al Colegio de S. Clemente, de la misma época. 

El hecho de contar con amplio patio interior facilitó que la Inquisición la aceptase. Las obras se realizaron entre 1728 y 1731. Exteriormente no hubo muchos cambios pero sí en el interior: había que adaptar un palacio de familia acomodada a los nuevos usos.

Se dice que el último prisionero de la Inquisición fue un estudiante liberal de 20 años, Casiano delPrado, condenado a 400 días de cárcel en 1817 por leer libros no autorizados, participar en tertulias prohibidas y defender ideas herejes. Casiano era hijo del arquitecto Melchor de Prado y con los años llegaría a geólogo de renombre.

El edificio se derribó en 1913. En 1927 se levantó el Hotel Compostela, con apariencia de palacio pero también de fortaleza, diseñado por Antonio Cominges. El hotel abrió en agosto de 1930, en un acto social del que se habló durante meses.

viernes, 17 de enero de 2014

Moneda de Adro Vello: la "Traslatio" del Apóstol Santiago

Martiño Suárez. Minúscula, pero primorosamente repujada, la moneda de Adro Vello es la primera representación conocida de la traslatio, el mítico transporte del cuerpo sin vida del Apóstol Santiago desde Palestina hasta tierras de Galicia, atravesando el Mediterráneo, la fachada atlántica de Iberia y la ría de Arousa. La pieza está custodiada en el Museo das Peregrinacións compostelano.

 Fue fabricada en torno al siglo XII por artesanos terriblemente hábiles: en doce milímetros de diámetro se representó, por una cara, una barca trasladando a tres personajes y, por la otra, a un león. En la primera de las faces los protagonistas son el cadáver de Santiago y los dos discípulos que, según la tradición, lo trajeron por vía marítima hasta Padrón, para después transportarlo en un carro tirado por los bueyes de la reina Lupa hasta el lugar que hoy ocupa la Catedral. En el anverso, acompaña al león la leyenda 'Ferdinandus Rex', que ayuda a datar la pieza durante el reinado de Fernando II (1157-1188), uno de los impulsores de la construcción de la Catedral y, por lo tanto, del mito jacobeo que hoy trae a Compostela a miles de peregrinos.



La pequeña escena de navegación hace mucho más que ilustrar la historia de la traslatio, y reprenta una época dorada para Compostela. La barca representada es una embarcación de tipo nórdico, lo que habla del tráfico internacional que entonces llegaba a las costas de Galicia con destino a una de las mecas de la cristiandad.

Bajo tierra
Con todo lo que tiene de relevante, la mayor parte de la existencia de esta moneda transcurrió bajo tierra. En algún momento posterior a su acuñación, su propietario la extravió o la guardó; la moneda estuvo enterrada durante siglos en la necrópolis de Adro Vello, en San Vicente (O Grove). Se trata un yacimiento próximo al mar de gran importancia: en él se reúnen restos de más de dos milenios, desde vestigios de una fábrica de salazón antiquísima a los muros de un asentamiento romano o lo que queda de una iglesia visigótica. En 1985, un grupo de arqueólogos de la Universidad de Santiago la descubrió durante una excavación.

El profesor José Ignacio Carro Otero, quizá quien más sabe de la pieza, cuenta que la moneda apareció casi por casualidad, en un nivel de la excavación poco prometedor en el que pocos esperaban encontrar nada relevante. La moneda, explica, debió de ser acuñada en la antigua ceca santiaguesa, de la cual queda como recuerdo el nombre de una calle, la rúa da Moeda Vella, junto a San Martiño Pinario.

La Fundación Xacobea Ruta do Mar de Arousa e Ulla ha visto en esta moneda todo un símbolo de una tradición que une a más de veinte municipios de la zona. La figura de Santiago embarcado con sus discípulos podría ser, para su presidente, Javier Sánchez-Agustino, la imagen de marca común de esta zona fecunda en historia, puerta de entrada, según se cuenta, de los restos que crearon Copostela tal y como hoy la conocemos.

lunes, 13 de enero de 2014

La Biblioteca América

Elena Goyanes. Es una pena peregrinar a Compostela e irse de la ciudad sin llegar a conocer algunas de las cosas que la hacen diferente. Es el caso de la Biblioteca América, situada en el Pazo de Fonseca, sede de la centenaria Universidad de Santiago de Compostela.

La Biblioteca América es de hecho una de las bibliotecas más curiosas de la lengua hispana, fundada en Buenos Aires en 1904 por un emigrante compostelano,  Gumersindo Busto Villanueva, “sin subvenciones”, según se aclaraba ya en la época. Se trata de una biblioteca hispanista de las más completas, con la particularidad de que se conformó gracias únicamente a donaciones que, a instancias de su fundador, se iban enviando a Santiago de Compostela. Su inauguración formal tuvo lugar el 26 de julio de 1926.


El propio Gumersindo Busto explica en una carta fechada en Buenos Aires en 1916 y dirigida a Miguel de Unamuno, que su iniciativa no tenía más “pretensión que proporcionar a mi tierra elementos necesarios al conocimiento de las cosas de América ya que Galicia da el mayor contingente de emigración al nuevo Mundo”. 

El grueso de la biblioteca lo componen hoy más de 30.000 volúmenes, algunos muy raros, a los que se añaden millares de periódicos, folletos de propaganda o mapas; e incluso colecciones zoológicas, botánicas y de medallas, entre otras.

Buscar libros allí se convierte en una experiencia fascinante no ya por los propios fondos bibliográficos sino por el marco en el que se guardan. Contra los muros se yerguen multitud de estanterías doradas en dos alturas, que parecen vigiladas por quince bustos también donados, de mármol o bronce muchos de ellos, representación de los más importantes próceres y figuras latinoamericanas del  s.XIX.