martes, 28 de febrero de 2017

Xoán Santín y el Milagro de O Cebreiro


E.G. La historia de Xoan Santín, el campesino de Barxamaior que dio lugar a una de los más hermosos milagros del Camino de Santiago, se sitúa en el s.XIV en O Cebreiro, una pequeña aldea de las montañas gallegas. Se produjo una tarde oscura y gélida, en unos tiempos aciagos para toda Europa, que a duras penas se podía defender de las hambrunas, las revueltas sociales, la Guerra de los Cien Años o las sucesivas oleadas de la Peste Negra. La nieve cubría no solo los caminos sino también las casas, el monasterio, la iglesia y el hospital. Y no resulta difícil imaginarse al campesino ascendiendo en soledad y muy lentamente por los montes para ir a Misa al templo prerrománico de O Cebreiro, levantado en el 836 por un grupo de monjes benedictinos y custodiado entonces por los monjes de Aurillac.

El religioso que celebra la Misa, sin embargo, desprecia el esfuerzo del Xoan Santin y expresa abiertamente su descontento por la aparición del campesino, tan fatigado, solo para ver “un poco de pan y de vino”, según lo narra en el s.XVII el Padre Yepes. Tras la afrenta inmediatamente la Hostia se convierte en carne y el vino en sangre hirviente, para estupefacción del monje y el campesino; mientras la imagen de Santa María laReal, talla románica del s.XII, inclina su cabeza en señal de devoción por el milagro que se acaba de producir. La carne y la sangre quedan adheridas a la patena y el cáliz, y así permanecieron, adorados por las gentes del lugar y multitud de caminantes, hasta que Isabel la Católica, tras su peregrinación a Santiago en 1486, dona dos pequeñas ampollas talladas en cristal de roca para que los restos se puedan preservar y mostrar debidamente en O Cebreiro. Lo acaecido se extendió como la pólvora por toda Europa y no hubo desde entonces viajero o peregrino que no hiciese un alto en la aldea para venerar los restos del milagro y a Santa María.

Y la historia aún no acaba ahí. El milagro fijó para siempre la fama del Santuario, transmitida por clérigos y peregrinos; y el romancero popular comenzó a vincular el Cáliz gallego con el Santo Grial de la tradición literaria artúrica, según la cual el Grial de las célebres epopeyas medievales, manantial de gracia y poder divinos, estaría en las montañas de O Cebreiro. Se dice que esa misma tradición fue recogida varios siglos después por Richard Wagner en su ópera Parsifal. Como símbolo, el cáliz forma parte principal del escudo de armas del Reino de Galicia ya desde la Edad Media.

El monje y el campesino descansan en la propia Iglesia, en dos tumbas descubiertas tras su rehabilitación en 1962, más de cien años después de que los monjes abandonasen O Cebreiro obligados por la desamortización.  Las cumbres legendarias de O Cebreiro son aún hoy una de las etapas más duras y abruptas del Camino de Santiago. Desde Roncesvalles se habla de ellas como un paso casi mágico. A algunos incluso les infunde cierto temor por la dificultad del ascenso. Se dice también que el templo guarda una energía especial y no es raro ver a los caminantes sucumbir ante la belleza de esta pequeña aldea de piedra, magníficamente conservada a través de los siglos. 




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