martes, 5 de enero de 2016

Ermita de San Marcos en Santiago y su extraña orientación al naciente






HdC. Hoy queremos partir una lanza por un templo sencillo, humilde, de una sola nave, que “siempre estuvo ahí” pero en el que los peregrinos o no se fijan o lo hacen de pasada. Y es que la ermita de San Marcos se alza en el Monte do Gozo, y todos los que llegan allí quedan extasiados y emocionados ante la visión de Santiago unos metros más allá, con las torres de la catedral como telón de fondo. Y así se pierden la ocasión de preguntarse por qué la puerta del templo está orientada al este y no al oeste, como sucede con la mayoría de los templos del mundo cristiano. No hay una razón arquitectónica clara, pero sí una leyenda que explica tal anomalía.

Ascendía una larga cuesta San Marcos en persona tras dejar atrás el arroyo de Lavacolla, con la tumba del Apóstol Santiago como meta. Otro peregrino más joven y con la indumentaria deteriorada le dio alcance y entablaron conversación. El recién llegado parecía conocer bien la ruta jacobea y San Marcos le preguntó: “Veo que sabes mucho del Camino y de las posadas. ¿Cuánto falta para llegar a Santiago?”. La respuesta lo dejó frío: “Mucho. Vengo de Alemania y falta otro tanto. Fíjate en mis sandalias, casi destrozadas. Pues otras tantas tendré que gastar porque Santiago está en el extremo del mundo, al final de la Tierra”. Aquello dejó muy desanimado al santo, que entonces levantó una capilla y decidió que su puerta se abriera al naciente. Dio luego marcha atrás y jamás llegó a Santiago.

Por supuesto, no es históricamente cierta, pero la leyenda, nadie lo negará, es preciosa.

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