martes, 6 de octubre de 2015

A Rocha Forte, vigía del Camino Portugués a Santiago







MSF. Situado en un cruce de caminos aún hoy fundamental para Compostela, el castillo de A Rocha Forte es un ejemplo claro de lo poco conocidas que nos son las guerras medievales. Acostumbrados a la épica de Braveheart y a los duelos a campo abierto, es difícil imaginar la terrible violencia de un asedio como aquel a que los Irmandiños sometieron a este fuerte, por entonces uno de los más grandes de Galicia y hasta hace muy poco prácticamente olvidado.


De la táctica de aplastamiento a que fue sometido el castillo dan testimonio los enormes bolaños de hasta 150 kilos diseminados por todo su interior. Estas piedras, redondeadas a toda prisa por los canteros del bando irmandiño, se lanzaban al interior de la cerca con máquinas situadas en las elevaciones que rodean A Rocha Forte, un caso extraño de fortificación externa a la ciudad (está a unos 3’5 kilómetros de Compostela) y no especialmente elevada. Flechas, animales muertos e infectados, cerdos en llamas, aceite y todo tipo de desperdicios completaban el menú asediador.


Construido en el siglo XIII y ampliado ya en el XIV, A Rocha Forte era un castillo especialmente odiado. Su función era, probablemente, controlar los caminos que procedían de los puertos naturales de Compostela (Padrón, Noia, Pontevedra...) y, en consecuencia, cobrar aranceles. La torre vigilaba los caminos Portugués y de Fisterra, y era, además, residencia del arzobispo cuando quería escapar de los levantiscos compostelanos de la época. Berenguel de Landoira, arzobispo a principios del XIV y responsable de la construcción de la torre del reloj de la Catedral, se refugió allí cuando los santiagueses se rebelaron contra su nombramiento; en A Rocha Forte citó a los líderes de la revuelta para "parlamentar", sutil eufemismo para decir cortarles el cuello.


En 1467, durante la Guerra Irmandiña, campesinos y habitantes de la ciudad bajaron desde Santa Susana a A Rocha para deshacerse de aquel símbolo del abuso de unos señores feudales desbocados. Prueba de su furia es el hecho de que del castillo no quedan más que los cimientos: su torre, que en tiempos pudo tener hasta cuatro alturas y estar orgullosamente encalada, fue desmontada y sus piedras reutilizadas. Mientras que otros castillos fueron reconstruidos una vez reprimida la revuelta, A Rocha Forte cayó en el olvido, fue cubriéndose de sedimentos e incluso la vía del tren se trazó por encima de su recinto.

Desde hace unos años, la fortaleza se ha estado excavando y, en la actualidad, sus ruinas son bien interesantes. Cada sábado, a las 11 y las 18 horas, se puede realizar una muy didáctica y entretenida visitar, previa reserva de plaza en http://rochaforte.info. La web, por cierto, también es magnífica.

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