domingo, 19 de agosto de 2012

El paso de Santa Irene

HdC. Son sólo un centenar de metros más, pero los suficientes para que los peregrinos no vean la fuente de Santa Irene.

Situémonos: Camino Francés ya cerca de Santiago. El peregrino ha ascendido una rampa no muy pronunciada y ni siquiera larga, pero que se hace dura. Ya son muchos kilómetros en las piernas y Compostela está cerca, el ansia por avanzar aumenta. En lo alto de esa rampa está un pequeño lugar llamado O Empalme, con un par de bares, y raro es el que no para ahí a coger fuerzas. Todo el mundo sabe a estas alturas que bajando, a menos de un kilómetro, espera el albergue de Santa Irene, remozado desde hace menos de una semana. Y echa a andar. ¿Cuál es el problema, si así puede llamarse? Pues que con el albergue a la vista ahí mismo el Camino gira a la izquierda y pasa por un túnel lamentable bajo la carretera, acomete el último tramo y vuelve a cruzar el asfalto, ahora por su superficie, en un lugar de riesgo evidente de atropello.

En resumen, el peregrino piensa “para qué voy a arriesgarme y caminar un centenar de metros más”. O sea, que sigue recto.

Si hiciese caso de las flechas amarillas en efecto, se cansaría más y se arriesgaría a cruzar el asfalto. Pero no se perdería ni la iglesia de Santa Irene ni la fuente, una y otra bien documentadas en el mundo de las peregrinaciones jacobeas.

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