lunes, 12 de marzo de 2012

La historia también está en las cosas pequeñas


HdC. En el Camino de Santiago, en todos los Caminos de Santiago, hay hitos enormes, magníficos, impresionantes. Y hay otros humildes, sencillos, sin nombre propio siquiera. Los primeros están destinados a permanecer en el tiempo (al menos durante un período largo de tiempo) y cualquier agresión contra ellos será inmediatamente replicada por persona y grupos que defienden y aman el Camino, y su queja y protesta recogida por los medios de comunicación. Los segundos están desapareciendo poco a poco, en silencio, sin que nadie derrame una lágrima por ellos.

Un ejemplo de esto es la fotografía que acompaña a estas líneas: una simple pieza de hierro a la que fueron atadas cientos, quizás miles, de cabalgaduras. Un objeto en desuso cuyo valor no se ciñe a lo utilitario, sino a lo sentimental, testigo mudo de una época que ya forma parte de la historia. Y por eso mismo se merece la misma protección -¡líbrenos Dios de decir herejía alguna!- que el monasterio de Samos o la Ponte Áspera de Sarria.

¿Existe? Sí, claro. Está en las casas de Rúa. Es decir, en el enclave medieval justo antes de llegar a Pedrouzo, hoy capital de O Pino y a su vez municipio limítrofe de Santiago en el Camino Francés. Por muchos años, y usted que lo vea.

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