miércoles, 7 de julio de 2010

Peregrinos de ayer y de hoy

EG. Para los peregrinos se construyeron las más importantes ciudades, fortalezas, murallas y catedrales de la Ruta; también los puentes, los hospitales, las ermitas y los albergues. Por el Camino surgieron los peajes, las tabernas, los comercios. De él vivieron también a lo largo de los siglos muchos pícaros, ladrones y mercaderes en el más bíblico sentido de la palabra. Y todo ello para proporcionar distintos tipos de respuesta a las mareas humanas que se encaminaban a Compostela, hasta el punto, según las antiguas crónicas, de no haber espacio libre ninguno en los caminos, de tanta gente que había.

El Camino ha ido repensándose cada Año Santo. Antaño porque los maestros constructores remataban una Catedral tras decenas de años de trabajo. Y ahora porque las autoridades cierran acuerdos especiales con las low-cost. Cada Año deja una impronta. Como el del 93, verdadero renacer del actual Xacobeo. O este de 2010, cuando por primera vez los peregrinos podrán pasear por las Cubiertas de la Catedral, aunque lamentablemente ya no apoyar su mano al pie del Árbol de Jessé o acercarse al Santo dos Croques, que permanecen aislados para que no se siga deteriorando la piedra.

Los peregrinos del medioevo tenían obligación de dejar sus ropas harapientas colgadas a la entrada, en la Cruz dos Farrapos, para que pudiesen ser quemadas y así no extender plagas ni pestes. Se les impedía permanecer por más de 3 días en la ciudad, para ir haciendo sitio a los que llegaban y además como pretexto legal para expulsar a vividores y maleantes. Hacían testamento antes de partir y los identificaban sus párrocos con una especie de pasaporte que los eximía en su Camino de algunas obligaciones civiles. Utilizaban el bordón para protegerse de las alimañas –incluso de las humanas- y portaban agua fresca en calabazas. Y entre otras muchas cosas al llegar se dirigían al Hospital Real si precisaban ayuda médica.

Hoy van a Fisterra a quemar las botas y se sienten obligados a posarse sobre el kilómetro 0 en el Obradoiro. Tienen permiso para permanecer en los albergues de Compostela por 3 días; portan una Credencial que les identifica y les permite acceder a los refugios de peregrinos; utilizan el bordón para apoyarse (o como adorno); llevan en su mayoría botellas de plástico o cantimploras. Y los 10 primeros de cada día tienen derecho a desayuno en las cocinas del Hostal de los Reyes Católicos, en recuerdo de su antiguo cometido.

Dante Alighieri dijo que peregrino es el que va a Compostela y vuelve, en una indicación clara de que además de llegar hay después que regresar, en un viaje mucho peor porque ni es ya iniciático, ni se sufre con el objetivo de ser coronado Rey de la Peregrinación tras ver de primero las torres de la Catedral.

Los peregrinos de antes arriesgaban tanto en el regreso como en la ida. Los de hoy sin embargo duermen en sus propias camas apenas unas horas después de dejar Santiago. Una ventaja que todos ellos negarán que existe, ya que el regreso es el final de una experiencia indescriptible, más que una experiencia un sentimiento en el que se entremezclan la alegría de haber cumplido el objetivo con la inmensa tristeza de dejar atrás vivencias que ya nunca se podrán recuperar.

De ahí que lo que antes era inimaginable hoy se haya convertido casi en un hábito, y es que el peregrino a Compostela no lo es una sola vez. Los que este año 2010 vengan sin duda volverán después a rememorar su Camino, quizá caminando o quizá en avión, pero de lo que no parece haber duda es de que la fuerza de atracción de Compostela es muy superior a la imaginada cuando por primera vez uno se calza las botas y comienza a andar.

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