martes, 6 de julio de 2010

Cova do Rei Cintolo



EG. Son muchas las leyendas del Camino, pero preciosa (e inspiradora) la de la Cova do Rei Cintolo, en Mondoñedo, precioso pueblo del Camino Norte a Compostela. Puesto que visitar ahora las cuevas es complicado, nos quedamos al menos con la historia de Manfada, la joven rubia y de melena larga que los gallegos llevamos años intentando desencantar.

Y es que aunque los espeleólogos modernos la califiquen como la más grande de Galicia, con más de 7.500 m. explorados, la Cova es en realidad la boca de un gran mundo mágico, tapadera del reino de Brías, en el que antiguamente reinaba Cintolo, dedicado por completo a gobernar sus grandes posesiones en la zona y a velar por el bienestar de su única hija, Manfada.

La historia cuenta que Manfada tras rechazar a varios pretendientes finalmente cayó enamorada de Hollvrudet. Los dos jóvenes habían ya asentado su relación cuando a la villa llegó Tuba, malvado rey decidido a obtener a toda costa la mando de Manfada. Las amenazas de Tuba hicieron mella en Cintolo, que estaba ya a punto de ceder cuando Hollvrudet se ofreció a luchar cuerpo a cuerpo por la joven. Su amor por la princesa era ya tan inmenso que ofrecía sacrificar su propia vida a cambio de conservar lo que más quería. Sin embargo Tuba, personaje poco ágil,  enseguida comprendió que en un combate limpio llevaría las de perder, por lo que optó por usar sus armas de brujo, ya convencido de que la princesa nunca iba a poder ser suya.

Antes de morir a manos Hollvrudet el vil monarca provocó con un gran estruendo que el castillo y el reino de Brías desapareciesen bajo la tierra. El ruido y la confusión eran infernales, hasta el punto de que cuando el guerrero quiso regresar a por su novia en el lugar sólo había horror, piedras, polvo y un gran boquete escavado contra una roca. Por mucho que buscó no fue capaz de encontrar supervivientes. En lugar del magnífico reino que conocía sólo halló una muy profunda cueva con inquietantes corrientes de agua; cientos de murciélagos; extrañas columnas colgadas del techo y un inmenso silencio que hacía crecer cada vez más su dolor.

Desde entonces nada más se supo del paradero del reino. El tiempo pasó. Hollvrudet dio a la princesa por perdida y la cueva desapareció bajo el polvo hasta los tiempos modernos. Pero los más antiguos del lugar conocen bien la historia y cuentan que Manfada sigue aún allí, aprovechando los breves momentos en que queda sin vigilancia para buscar a su amado Hollvrudet entre la niebla.    

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