domingo, 12 de marzo de 2017

Un sarcófago del siglo XI en el Camino Inglés




HdC. En el Camino de Santiago –o mejor, en los Caminos de Santiago- el peregrino se encuentra con hitos grandes y monumentales, y con hitos pequeños y humildes. ¿Cuáles tienen más valor? Todos. No son más importantes las pallozas de O Cebreiro, en Lugo (Camino Francés), que el sarcófago del siglo XI que en estos momentos se encuentra en el atrio del monasterio de San Martiño de Xubia, en el municipio de Narón (Camiño Inglés). Eso sí, ese sarcófago ha sido bien agarrado al firme, a la tierra: no hay ladrón que pueda con él. Por suerte.

Y un detalle curioso de esa comunidad religiosa hoy inexistente: durante muchos años fue dúplice. Es decir, vivían en un lado los monjes y en otras las monjas. Y como se entraba en la carrera religiosa por mandato paterno y nula vocación (excepciones también habría), la cosa acabó como es presumible: con la disolución de la comunidad visto que unos y otras vivían juntos, y, claro está, aquel estado público de cosas no era aceptable.

martes, 7 de marzo de 2017

El Hospital de San Roque, hospital de peregrinos en Santiago


E.G. En la parte más alta de la compostelana Rúa das Rodas, al borde de la muralla y colindante con la iglesia, se levantó en el último cuarto del siglo XVI el Hospital de San Roque, destinado a atender a los pobres con males contagiosos. Siendo Santiago uno de los principales destinos de peregrinación del continente europeo, a su promotor, el arzobispo Blanco Salcedo, le pareció evidente la gran necesidad de un hospital de estas características para beneficio de la ciudad y del Reino de Galicia –escribió- y de otras muchas partes y reinos origen de los que venían en romería.
 Un año antes de su apertura, en 1583, se había rematado allí mismo la construcción de la Iglesia de San Roque, santo a quien el cabildo y el ayuntamiento habían encomendado la salud de los compostelanos ya en tiempos de Alonso III de Fonseca, tras la peste que asoló la ciudad en 1516. La promesa de construcción de la capilla data de 1517. En aquel año se organizó una rogativa que recorrió el exterior de las murallas de la ciudad; se fundó la Cofradía del santo y se decidió que el día de San Roque fuese fiesta de “cuatro capas” en la ciudad y arzobispado, haciendo referencia al tipo de oficio que implicaba y el número de oficiantes que asistirían, vestidos con cetro y capas de seda. Aquel voto a San Roque se conserva y se renueva aún en la actualidad. Sin embargo la promesa de 1517 quedaría en el olvido durante más de medio siglo, hasta que la siguiente epidemia asola la ciudad en 1569. Entonces resucita el fervor por el santo protector de los apestados, y cabildo y concejo se ponen manos a la obra no sin antes achacar la nueva peste al incumplimiento de su compromiso. 



 Durante las epidemias la ciudad ponía en marcha medidas drásticas para evitar la propagación, como el cierre de las puertas o la quema nocturna de romero y laurel, normas que no evitaban la picaresca para entrar, o la huida masiva de vecinos en busca de lugares más seguros. A finales del mismo siglo Santiago padecería aún otra embestida, la peste que entre 1598 y 1600 sacudiría a toda Europa en un bienio terrible. Entonces, a los infectados se les encerraba en sus propias casas, que eran marcadas y tapiadas; se eliminaron los animales callejeros; se encendían hogueras nocturnas; y se aplicaba cal en las zonas de peligro. En los meses más difíciles eran tantos los afectados que se llegan a organizar espacios específicos para confinar a los enfermos, como el campamento que en otoño de 1598 se establece en la Rúa de San Pedro.

El arzobispo fundador, que murió antes de verlo funcionando, había ya indicado que tenía que ser dotado de muchos sirvientes, farmacia y médicos. Con el hospital quería evitar que a Compostela llegasen enfermos que, al no encontrar remedio ni cura gratis, acabasen perdidos por las calles, sin atención, y contaminando a otras muchas personas sanas.
 
El Hospital permaneció en activo varios siglos, atendiendo a un número de pacientes que se incrementaba continuamente. Estaba destinado a enfermos infecciosos, fundamentalmente a los afectados por el denominado mal gálico o de las bubas, la sífilis, que a inicios del siglo XVI era una enfermedad relativamente reciente y décadas después afectaba ya a un quince por ciento de la población europea. Su origen sigue siendo controvertido. Pero su carácter de enfermedad contagiosa e incurable, junto con el estigma de los que la padecían, hizo que se llegase a equiparar a la lepra (con la que a menudo se confundía), o que se la conociese como la peste blanca.


Se estima que en los siglos XV y XVI la sífilis devastó pueblos y ciudades, considerada como un castigo divino resultado de los placeres carnales ilícitos. En los hospitales como el de San Roque se trató inicialmente a hombres pero muy pronto también a mujeres y niños contagiados, en su mayor parte originarios de la propia ciudad y de otros lugares de Galicia. La progresión de la epidemia se refleja claramente en el continuo aumento del número de casos atendidos, y en la ampliación con nuevas salas y camas a mediados del s.XVII.

El tratamiento consistía en aislar a los enfermos en varios momentos del año, en cuartos sin ventilación, manteniéndolos a temperaturas altísimas. Para hacerlos sudar se les proporcionaba jarabe de palo, decocciones de un árbol procedente de las Indias; y se hacían arder en la estancia ramas de la misma especie. Se creía que así la enfermedad saldría por los poros. En algunos casos se optaba por las tinciones mercuriales, que según los conocimientos actuales prácticamente garantizaban la muerte de los enfermos.

La portada renacentista del Hospital, atribuida a Gaspar de Arce, maestro de obras de la Catedral de Santiago, se salvó de las ampliaciones y remodelaciones del siglo XVIII. Está presidida por San Cosme y San Damián, los hermanos médicos y mártires, esculturas procedentes del taller de Gregorio Español. 

Funcionó como hospital hasta ya entrado el s.XX, y el edificio fue después destinado a Seminario Menor o sede de organizaciones como ASPAS hasta su adquisición por la Xunta de Galicia. Actualmente es la sede del Instituto de Estudios Gallegos "Padre Sarmiento" y del Centro “Ramón Piñeiro” para la Investigación en Humanidades.




Fotografías: Adolfo Enríquez