lunes, 23 de mayo de 2016

El palco de Lavacolla, en Santiago




HdC. Una pregunta para comenzar: ¿tienen que ser todos los hitos del Camino objetos, edificios o trozos de la naturaleza venerables por su edad? ¿Deben “contar siglos”, como se decía en el siglo XIX, para ser considerados como tales? ¿Son los que son y no puede haber más? 

La respuesta a esas tres preguntas es negativa. Porque es el hombre el que en su caminar va construyendo (¡y a veces destruyendo!) esas obras de arte o lugares que pasan a tener la categoría de hitos. Aunque sean humildes.

Como humilde es el palco de música de Lavacolla, una construcción moderna, muy moderna, cuyas líneas recogen la tradición gallega de ese tipo de construcciones. O sea, Camino Francés, descenso del aeropuerto homónimo hasta la catedral compostelana, con tan solo una rampa ascendente ciertamente no muy suave y que el peregrino encuentra justo después de este palco.

Porque pocos, muy pocos, no paran aquí a descansar un rato, a aprovechar la sombra cuando aprieta en calor, y nadie debe tener duda alguna de que en un mes largo corto el calor apretará, y el palco de música es un refugio no sólo seguro sino que también empieza a ser querido por los peregrinos. Y, en fin, qué decir cuando el cielo gallego se encapota y deja que llueva…

¿Figura en las guías? En muy pocas. Pero eso no le resta valor. Al contrario, lo añade.

miércoles, 18 de mayo de 2016

La Torre de San Sadurniño, en Cambados

HdC. Poco más que la unión de dos paredes y los restos de una chimenea es lo que queda de la Torre de San Sadurniño, en Cambados (Pontevedra). Su silueta, aún esbelta, situada sobre el islote de su mismo nombre, preside el agradable paseo en el entorno del muelle de Santo Tomé. Se trata, al parecer, de uno de los asentamientos más antiguos de la localidad, situada en el arranque de la Ruta Jacobea de Arousa y el río Ulla.
La torre existe desde el siglo X y el arzobispado compostelano la adquirió en tiempos de Xelmírez. Parece que servía como parte de las defensas marítimas contra los ataques normandos, una red extendida por buena parte de las rías más próximas a Compostela. Como tantas otras fortalezas, símbolos de la opresión feudal, fue destruida a mediados del siglo XV en las Revoltas Irmandiñas contra los señores y reconstruida poco después, una vez sofocada la rebelión.

Un puente une permanentemente la isla y la torre de San Sadurniño con tierra firme, proporcionando un paseo agradable y cargado de historia.