martes, 27 de octubre de 2015

Peregrinos en la historia: "Caminaron a Santiago"






HdC. En pocas ocasiones un libro se convierte en un hito del Camino. Porque todo lo más sería un hito movible y trasladable. Claro, al Códice Calixtino nadie le discute que es un hito, cómo no. Quizás, en otro plano, a Desvío a Compostela, del holandés varias veces candidato al Nobel Cees Noteboom. Incluso para algunos el escritor brasileño Paulo Coelho en sí mismo lo es también... aunque acabó arribando a Santiago en autobús, lo cual es para más de uno simplemente una herejía jacobea. 

Pero hay otras obras que se merecen una catalogación similar aunque no tengan un gran impacto en el público. Ahí hay que incluir la humilde Caminaron a Santiago, firmada por dos pesos pesados de los estudios jacobeos, los alemanes Klaus Herbers y Robert Plötz, quienes estuvieron en Compostela la semana pasada. Ese volumen, editado en su día por la Xunta de Galicia, lleva por subtítulo Relatos de peregrinaciones al “fin del mundo” e incluye lo que ofrece: relatos, anotaciones, pensamientos y diarios de aquellos que en tiempos pasados se llegaron a Santiago con único el fin de postrarse ante la tumba del Apóstol. Una recopilación como no hay otra en el mundo, porque a las palabras de los propios peregrinos se une la interpretación y la documentación aportada por los dos profesores. Las descripciones, una maravilla.

sábado, 24 de octubre de 2015

Espectacular vista de Muxía para peregrinos por el Camino de Santiago



HdC. Llegar a Muxía, en la Costa da Morte coruñesa, es todo un lujo. Requiere ánimo, fuerza y convicción, porque una vez en Santiago de Compostela, con el cuerpo acusando los kilómetros, animarse a seguir el Camino durante cuatro días –algunos lo hacen en tres- no está al alcance físico ni sicológico de cualquiera.


El realce de Muxía como destino jacobeo es reciente. Cierto es que en la historia figura como enclave mariano, y ahí está el recuperado santuario de la Virxe da Barca para confirmarlo silenciosa y graníticamente. Pero cierto es también que peregrinos que acudían a postrarse a los pies del Apóstol acabaron ahí.

Lo que pocos, muy pocos, hacen es, una vez en el santuario, continuar un par de cientos de metros más. Porque no saben que existe, por falta de fuerzas o porque el Atlántico llena la retina. Pero siguiendo hasta el  monumento llamado A Ferida, y que recuerda el zarpazo del “Prestige”, arranca a la izquierda un caminito que cada vez se hace más estrecho, serpenteante rocas arriba pero sin entrañar grave dificultad. Remata en un alto, a 68 metros sobre el nivel de las olas. Eso es O Corpiño, un hito del Camino de Santiago con Muxía a los pies. Muy recomendables.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Las huellas del Caballo de Santiago en Villanófar (León)


HdC. A lo largo de los siglos, la imaginación popular ha detectado docenas de huellas del caballo de Santiago a lo largo y ancho de la Península. En Villanofar (León) la leyenda va un poco más allá: en uno de los montes de este pequeño pueblo (tiene medio centenar de habitantes) existe una roca, La Penilla, en la que según la tradición quedaron marcadas las herraduras del corcel blanco del Apóstol. No cabe duda de que el legendario animal pisaba fuerte.

Las muescas se pueden comprobar en la imagen superior, obra de Juan Carlos Rodríguez González para la web www.pueblos-espana.org.

martes, 6 de octubre de 2015

A Rocha Forte, vigía del Camino Portugués a Santiago







MSF. Situado en un cruce de caminos aún hoy fundamental para Compostela, el castillo de A Rocha Forte es un ejemplo claro de lo poco conocidas que nos son las guerras medievales. Acostumbrados a la épica de Braveheart y a los duelos a campo abierto, es difícil imaginar la terrible violencia de un asedio como aquel a que los Irmandiños sometieron a este fuerte, por entonces uno de los más grandes de Galicia y hasta hace muy poco prácticamente olvidado.


De la táctica de aplastamiento a que fue sometido el castillo dan testimonio los enormes bolaños de hasta 150 kilos diseminados por todo su interior. Estas piedras, redondeadas a toda prisa por los canteros del bando irmandiño, se lanzaban al interior de la cerca con máquinas situadas en las elevaciones que rodean A Rocha Forte, un caso extraño de fortificación externa a la ciudad (está a unos 3’5 kilómetros de Compostela) y no especialmente elevada. Flechas, animales muertos e infectados, cerdos en llamas, aceite y todo tipo de desperdicios completaban el menú asediador.


Construido en el siglo XIII y ampliado ya en el XIV, A Rocha Forte era un castillo especialmente odiado. Su función era, probablemente, controlar los caminos que procedían de los puertos naturales de Compostela (Padrón, Noia, Pontevedra...) y, en consecuencia, cobrar aranceles. La torre vigilaba los caminos Portugués y de Fisterra, y era, además, residencia del arzobispo cuando quería escapar de los levantiscos compostelanos de la época. Berenguel de Landoira, arzobispo a principios del XIV y responsable de la construcción de la torre del reloj de la Catedral, se refugió allí cuando los santiagueses se rebelaron contra su nombramiento; en A Rocha Forte citó a los líderes de la revuelta para "parlamentar", sutil eufemismo para decir cortarles el cuello.


En 1467, durante la Guerra Irmandiña, campesinos y habitantes de la ciudad bajaron desde Santa Susana a A Rocha para deshacerse de aquel símbolo del abuso de unos señores feudales desbocados. Prueba de su furia es el hecho de que del castillo no quedan más que los cimientos: su torre, que en tiempos pudo tener hasta cuatro alturas y estar orgullosamente encalada, fue desmontada y sus piedras reutilizadas. Mientras que otros castillos fueron reconstruidos una vez reprimida la revuelta, A Rocha Forte cayó en el olvido, fue cubriéndose de sedimentos e incluso la vía del tren se trazó por encima de su recinto.

Desde hace unos años, la fortaleza se ha estado excavando y, en la actualidad, sus ruinas son bien interesantes. Cada sábado, a las 11 y las 18 horas, se puede realizar una muy didáctica y entretenida visitar, previa reserva de plaza en http://rochaforte.info. La web, por cierto, también es magnífica.

viernes, 2 de octubre de 2015

O Paraíso, en la Ruta Marítima de Arousa a Santiago




HdC. El Camino –los Caminos- se suelen identificar con el espacio físico terrero. El mar, los ríos y los escasos lagos ocupan un lugar muy secundario, tanto en los diarios en particular como en la historia en general. Y en esas masas acuosas no sólo hay topónimos sino lugares entrañables que conforman hitos auténticos. Para muestra, un botón en la Ruta Marítima Mar de Arousa y Río Ulla. Es decir, para el Camino de Santiago que reproduce en el siglo XXI el navegar de la barca que en el siglo I llevó a Galicia el cuerpo sin vida del Apóstol.

La ría de Arousa, que une las provincias de A Coruña y Pontevedra, se estrecha cada vez más hasta fundirse con la larga desembocadura del río Ulla, un paraíso de juncos. Con el puente romano de Pontecesures a la vista, el río Sar rinde sus aguas por la margen derecha. Y ese recodo es ni más ni menos que O Paraíso. ¿Puede haber topónimo más sonoro y optimista? ¿Y de dónde procede el nombre? Ese es otro de los misterios del Camino de Santiago.