viernes, 27 de febrero de 2015

La iglesia de A Lastra (Baleira) esconde un secreto del siglo XV



HdC. La lucense y montañosa A Fonsagrada ha quedado atrás y, con todavía unas cuantas subidas fuertes por delante, el Camino Primitivo comienza a descender para alcanzar Castroverde, antesala de Lugo e indicador geográfico y toponímico de que se avecina una zona de colinas (“outeiros”, en gallego) cuando no planicies. Los topónimos de referencia son, después de A Fonsagrada, la aldeíta de A Degolada, con un templo minúsculo de San Lorenzo vecino del mojón 143,911, la de Couto, el alto de A Lastra y, ya en el descenso, la localidad homónima, que se abre a ambos lados de la carretera otrora infernal y ahora muy ancha y con muy buen firme.

Y en A Lastra abre sus puertas la iglesia puesta bajo la advocación de San Juan Bautista, sencilla y en impecable estado tras la profunda rehabilitación que tuvo la suerte de sufrir hace algo más de un decenio. Muestra una sola nave, rectangular con cubierta a dos aguas y sacristía ocupando buena parte del lateral izquierdo.

Pero lo más interesante está dentro. Ahí llama la atención primeramente su artesonado, luego su pila bautismal y, sin duda, su altar neoclásico de principios del siglo XIX. Y en este último destacan dos tallas barrocas que, al parecer, proceden de una iglesia que ocupó anteriormente ese mismo solar: San Juan Bautista y San Francisco de Asís, datadas entre 1719 y 1941. 

Una vez allí, otra imagen reclama una mirada: es la que representa a la Virgen María con el Niño, y esta sí que es muy anterior: siglo XV. ¿De dónde procede este precioso hito del Camino?





jueves, 26 de febrero de 2015

El castillo de Medinyà, en el Camino de Santiago en Catalunya, y el antiguo hospital de peregrinos




HdC. Cataluña sigue promocionando su Camino de Santiago, lleno de pequeños y grandes hitos. Seis eran los pasos de esa comunidad que frecuentaban los peregrinos, muchos de los cuales pisaban en su andar el camino real que cruzaba el pueblo de Medinyà, hoy llamado aquel calle de Pere Roure. Girona queda a una decena de kilómetros tan solo.

Y es justamente en la calle de Pere Roure, en la esquina con la calle de la Font, donde se puede ver el edificio que en su día fue antiguo hospital, a cuya acogida tantos peregrinos se encomendaron. Sin duda es la iglesia y el castillo, situados en lo alto y documentados desde el siglo XI, lo que más va a llenar la retina, pero es este sencillo hospital en que va a dejar huella en la memoria.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Anglesola, un pequeño tesoro de piedra en el Camino de Santiago en Cataluña


HdC. El topónimo tiene resonancias inglesas, por aquello de “angle” (ángulo, aspecto), pero Anglesola define a una localidad que se halla en la provincia de Lérida, en la conocida comarca de Urgel, y que tiene tan sólo 1.300 habitantes. Y toda ella es un hito del Camino, porque efectivamente se encuentra en la ruta jacobea y tiene un casco histórico digno de una detenida visita.

La historia nos retrotrae a por los menos el año 1079, que es de cuando data un documento de cesión de tierras con el fin de ser repobladas. Se sabe que en el 1097 ya estaba levantada su iglesia, y que en 1139 abría sus puertas un hospital para pobres que también acogía a peregrinos. Ese templo, junto con el castillo que también existió, desaparecieron para siempre.

El peregrino accedía y accede por la calle Major, que se va estrechando poco a poco hasta dar en la plaza de Santa Anna. En esa calle están los restos del antiguo convento de los trinitarios: un paño de pared de grandes sillares y una puerta abovedada con el escudo de la orden. En Santa Anna destaca el crucero gótico, que marca la entrada a la parte más antigua de la localidad.

Y una curiosidad moderna: el Espacio del Carro. Ahí la Societar de Sant Antonio Abat guarda una excelente colección de carros y herramientas del campo. Historia pura.

Foto: Resto del convento de los Trinitarios, de www.festacatalunya.cat

martes, 10 de febrero de 2015

Exposición en Santiago sobre el siniestro fuerte San Cristóbal


MSF. Una exposición recuerda estos días en Compostela la infausta memoria del Fuerte San Cristóbal, la fortaleza decimonónica  que vigila Pamplona y parte del trayecto navarro del Camino Francés. El edificio nunca se utilizó para su principal propósito, defender la ciudad, y pasó a la posteridad como siniestra cárcel durante la Guerra Civil y escenario de episodios como los de una de las fugas más masivas de la historia mundial de las prisiones, en la que participaron varios gallegos. 

Aunque acabó terriblemente mal, la escapada es digna de una película de acción. Ocurrió en la primavera de 1938, cuando el fuerte era ya famoso como uno de los presidios más terribles del franquismo. Entre sus muros se hacinaban dos millares y medio de presos políticos republicanos, sindicalistas o militantes de izquierdas, sometidos al hambre y a la arbitrariedad de sus carceleros. Los muchos que morían acababan en el tristemente conocido como “Cementerio de las botellas”, debido a que sus cuerpos se enterraban con una botella de cristal entre las rodillas, con su documentación dentro, para posteriores identificaciones. 

Hartos de la situación, cientos de presos se coordinaron (dicen que hablando entre sí en esperanto) para organizar un motín a la hora de la cena del 22 de mayo. Unos 800 detenidos lograron escapar de la cárcel, pero la falta de planes para la huida hizo que  sólo tres consiguiesen llegar a Francia. En la persecución y la posterior represión fueron asesinados más de 200 fugados, la cuarta parte de ellos procedentes de Galicia.

La exposición que se puede visitar hasta el mes que viene en Santiago recoge la memoria de los supervivientes del presidio. Ha sido producida por la Sociedad de Ciencias ARANZADI Zientzia Elkartea , la Asociación Txinparta  y la Universidad del País Vasco, y organizada por el Ateneo de Compostela con la colaboración de la Universidade de Santiago de Compostela. Se puede visitar en el Colegio de Fonseca gratuitamente de lunes a sábado de 11 a 14 y de 17 a 20.00 horas.

lunes, 9 de febrero de 2015

Un libro fundamental sobre el viaje de Cosme de Médicis




HdC. Por lo general, un hito es un momento histórico o un monumento. El resto parece algo menor, aunque al admitir lo anterior se está a priori incurriendo en un error. Porque hay libros que son hitos. Por supuesto, el Códice Calixtino, hoy tan de moda por el juicio al presunto ladrón del volumen en el 2013, el entonces electricista de la catedral compostelana.

Pero existen otros volúmenes que con el tiempo serán considerados relevantes, fundamentales, trascendentales. Por ejemplo el lujosamente editado por la Xunta de Galicia en el año 2004 titulado El viaje a Compostela de Cosme III de Médicis, en gran formato, papel y encuadernación de lujo. Aunque lo principal es el contenido, realmente impresionante porque, salvo que en el futuro alguien pueda demostrarlo, este es el estudio definitivo sobre la venida a Santiago de aquel extraño y poderoso noble, tan piadoso hasta la médula como huidizo de una esposa a quien juzgaba insoportable. De hecho, a las desavenencias conyugales hay que agradecer el que emprendiese el viaje por media Europa y acabase en Compostela.

No es momento de citar el impresionante panel de estudiosos que firman capítulo tras capítulo para no hacer distinciones, y que logran expurgar los textos de los tres cronistas con los que Cosme de Médicis realizó su aventura –además de un muy nutrido séquito de sirvientes-, algunos tan jugosos como los que describen que “el camino hasta la puerta de la ciudad (de Santiago) resultó incómodo, desde donde fuimos directamente al convento de San Agustín, donde estaban preparados los aposentos”. Y es que al príncipe… ¡no le gusta la ciudad! Y no hay duda: “Está situada en lo alto y rodeada en algunos sitios de otros montes más altos, que la dominan. Pequeña, fea y, en su mayor parte, construida de madera; las murallas de piedra con torres intercaladas, pero todas recubiertas de hiedra y gran parte de ellas en estado de ruina”. Cuando el siglo XVII ya había doblado su mitad, por cierto.