martes, 27 de mayo de 2014

Camino de Santiago en Portugal: quien no va de vivo va de muerto




E.G. Existe en Portugal una tradición casi idéntica a la de San Andrés de Teixido, santuario gallego al que, se dice, irá de muerto quien no ha ido de vivo.

El mismo trasfondo tiene el origen de la "romaria de S. Tiago", como llamaban tradicionalmente a la peregrinación desde tierras portuguesas. Según esa creencia portuguesa, cuando Dios envió a Santiago a predicar en Galicia el apóstol se dolió diciendo que se trataba de una tierra "muy remota", a la que nadie lo iría a visitar. Dios le respondió entonces que "todos lo visitarían, muertos o vivos".

Por eso el pueblo portugués creía necesario ir a "Santiago da Galiza" al menos una vez en la vida. A esta creencia se vincula otra que afirma que todos sabrán si los peregrinos viajan o no en gracia de Dios, ya que en la Catedral de Santiago hay una puerta muy estrecha por la que sólo pueden pasar los que efectivamente llegan "en gracia".

Estas son sólo algunas de las tradiciones existentes en Portugal sobre Compostela y la peregrinación. Como muestra, este delicioso pasaje del trabajo de Alberto Braga, "Influencia de S. Tiago da Galiza em Portugal" (1934), que recoge sencillos cantares recuperados de la memoria histórica del pueblo.

A "Via-Láctea" é chamada a "estrada de S. Tiago", por onde as almas dos mortos
vão para Santiago, pois que em Santiago da Galiza um buraco no qual tôda toda a gente tem de passar em vida ou morte.

S. Tiago de Galiza
vos sendes tão interesseiro,
ou em morte ou em vida
hei-de ir ao vosso mosteiro.
S. Tiago de Galiza
é um cavaleiro forte
quen lá não for em vida
há-de ir lá despois da morte

(Traducción)

La "Vía Láctea" se conoce como el "camino de S. Tiago", por el que las almas de los muertos van a Santiago, ya que en Santiago de Galicia hay un agujero por el que todo el mundo tiene que pasar, en vida o muerto.


S. Tiago de Galicia
sois tan egoísta
o en muerto o en vida
he de ir a tu monasterio.
S. Tiago de Galicia
es un fuerte caballero
quien no va allá en vida
ha de ir después de su muerte

Si queréis saber más de la historia del Camino en Portugal, podéis acudir a "El Camino Portugués", de Juan M. López-ChavesMeléndez, que a su vez recoge el viaje por esta ruta que el joven clérigo italiano   Juan Bautista Confalonieri realizó en 1594. El libro fue editado por la Asociación de Amigos de los Pazos en 1988. De ahí hemos entresacado estas historias.

jueves, 22 de mayo de 2014

San Nicolás y el recuerdo de un hospital en el Camino de Santiago Francés


HdC. La última población palentina del Camino, justo antes de que la ruta jacobea entre en territorio leonés, se llama San Nicolás. Zona de montaña que no asusta a ningún peregrino, atrás tiene Moratinos (que ya existía en el siglo X) y delante Sahagún.

San Nicolás siempre estuvo ligado al flujo de personas que desde la Edad Media se dirigían paso a paso a Compostela. La historia así lo revela: en el año 1183 (aunque existen algunas pequeñas dudas sobre si fue exactamente ahí o poco antes, o poco después) el temido caballero Tello Pérez de Meneses fundó en esos predios el hospital de San Nicolás del Real Camino, que admitía leprosos. El tiempo fue implacable con él y no ha llegado ni una piedra hasta el siglo XXI. Queda en pie, eso sí, la iglesia local.

Y un detalle curioso: muy poco antes de San Nicolás, en la entrada a Moratinos, se encuentra el punto medio del Camino entre Roncesvalles y la catedral compostelana. Otro hito.

viernes, 9 de mayo de 2014

La Muralla de Mansilla de las Mulas en el Camino de Santiago




HdC. Toda ella es un hito del Camino. O un conjunto de hitos, como se prefiera. Nos referimos a Mansilla de las Mulas, en la Ruta jacobea francesa, y que fue repoblada por Fernando II en 1181, lo cual da una idea de cuál debe de ser su antigüedad. Entonces hubo que dotarla de unas murallas protectoras, porque estando como está entre Sahagún y León la comarca era todo menos tranquila, teniendo como vecinos sureños a los musulmanes. De esa muralla se conserva una buena parte, mostrando su irregularidad para adaptarse al terreno y buscar los taludes naturales, que ponían las cosas más complicadas a los enemigos de turno. A eso hay que sumar que la localidad llegó a tener poco después siete iglesias, dos monasterios, tres hospitales y una casa sólo para peregrinos que se encaminaban a Compostela o volvían de ella. Hoy en día debe uno detenerse en la villa. Merece la pena precisamente por eso, por ser un hito.

Foto tomada de Panoramio