lunes, 9 de septiembre de 2013

Diego Gelmírez, Obispo de Santiago de Compostela




HdC. "Diego Gelmírez. Báculo de gloria en Compostela". Es el título de un librito muy completo  sobre el más importante de los obispos de Santiago de Compostela, editado por el Consorcio de Santiago dentro de la Colección Juvenil Historias de Santiago, de Estro Montaña (autor) y Jaime Asensi (ilustrador).

Sin duda por tratarse de una colección dirigida a los más jóvenes está escrito en un lenguaje muy sencillo. Su contenido es rigurosamente histórico pero se hace sin embargo muy ameno. De hecho se lee casi como un libro de aventuras. Nos habla no sólo del propio obispo compostelano y su labor en la ciudad de Santiago sino también de la convulsa época en la que vivió, entre las batallas de la Reconquista, las guerras entre los distintos reinos de la península, o las revueltas en Galicia de 117 y 1136.

Su puesta al frente de la flota frente a los ataques musulmanes o la construcción de galeras para combatir al enemigo, han dado pie a autores gallegos como Manuel Murguía a definirlo como el fundador de la Marina española. Pero para nosotros Gelmírez fue, ante todo, el impulsor de la ciudad de Santiago: además de su labor en la Catedral y la formulación de la ciudad como una de las principales urbes cristianas de Europa, fomentó la reconstrucción y construcción de iglesias, abrió nuevas calles, se preocupó por la conducción de aguas y promovió incluso la creación de maravillosas fuentes como la del Paraíso.

Todo ello se recoge en el libro que el autor tuvo el acierto de rematar con varios fragmentos de la Historia Compostelana, encargada por Gelmírez, y que a modo de cantar de gesta, cuenta la historia de la ciudad desde el año 900 hasta la muerte del propio Gelmírez en 1140, un hombre "astuto y ambicioso" pero también "de una inteligencia superior", según se recoge en la publicación.

martes, 3 de septiembre de 2013

La Torre del Reloj de la Catedral de Santiago ya libre de andamios

 
La Torre del Reloj desde la Rúa do Villar. Fotografía: Adolfo Enríquez

E.G. Después de tres meses de obras, la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago de Compostela está otra vez a la vista. Es una pena que los visitantes y peregrinos no hayan podido disfrutarla este verano, sobre todo porque no era el único elemento emblemático de la Catedral tapado (el Pórtico de la Gloria sigue bajo andamios). Pero es evidente que en Galicia este tipo de obras hay que realizarlas en verano.

Además de otros trabajos de conservación e impermeabilización, la Torre ha quedado de color granito claro, casi color arena;, y sin musgo, vegetación y aquellos grandes manchones oscuros que prácticamente impedían reconocer sus detalles. Incluso para los compostelanos es un placer disfrutarla así. Ahora se ven perfectamente los escudos y se perciben los relieves y ornamentos. Para muchos es casi, casi, una torre nueva.

Uno de los juegos que practicábamos los niños y estudiantes de Compostela era apostar a ver quién podía subir las escaleras de Platerías de dos en dos mirando hacia la torre. Los que aseguraban que sí perdían irremediablemente porque la escalinata tiene un número impar de peldaños. Pero todos la subíamos mirando hacia arriba para sorprendernos con la ilusión óptica que se produce: parece que la Berenguela, como también se la conoce, se nos viene encima.

La Berenguela se inició como torre de defensa y según algunos autores la terminó en el s.XIV el arzobispo Berenguel, de quien tomó su nombre popular. Después sufriría varias reformas, como su elevación, ya en el s. XVII, por Domingo de Andrade. Su actual reloj se construyó en Ferrol en 1831; y la campana, de 1729, es una de las mejores del mundo: pesa unos 600 Kg y tiene 8 m. de circunferencia, cifras muy aproximadas a la de la
Catedral de San Pablo de Londres.