miércoles, 26 de junio de 2013

Sobrado dos Monxes y su cañón




HdC. Un gran hito. Nadie lo niega. Histórico y actual. Porque el gran monasterio de Sobrado dos Monxes (Camiño Norte, A Coruña) ha sido recuperado para la vida religiosa y de peregrinación gracias a una comunidad que lo reconstruyó y lo habita. La mayoría de los caminantes que pasan ante él se detienen un par de horas como mínimo, cuando no duermen en su humilde hospedería. Su tienda de recuerdos es acogedora y la oferta realmente muy variada, desde vino de Navarra a galletas de Pontevedra, siempre elaboración de los monjes y monjas. Tiene un punto negro: la enorme e impresionante iglesia se ve abandonada, no de la mano de Dios, pero sí de la de los hombres: las humedades atacan sin miedo a que nadie les ponga coto.
Y una anécdota muy poco conocida. Los montes de la retaguardia, viejos y bajos, forman la sierra de Bocelo, refugio de los carlistas en el siglo XIX. Una de las partidas quedó cercada en el entonces abandonado monasterio, y tras varios días de acoso los realistas trajeron un cañoncito. Y no tuvieron el menor remilgo en disparar contra aquellas venerables paredes. Hoy ni siquiera ese suceso queda en la memoria popular. Y por supuesto, ni rastro de las balas en las pared

es.

jueves, 6 de junio de 2013

La iglesia de Tysted, Peder Kaeller y el peregrino profesional



HdC. Tysted es un pueblo pequeño y tranquilo de la península de Jutlandia. O sea, Dinamarca. Y tiene una iglesia de lo más sencillo, como suele ser habitual enlos países nórdicos: una sola nave, una torre que remata en tejado, blanca la primera y con ladrillo a la vista la segunda. Nada del otro mundo. Pero muy importante cuando se habla del Camino de Santiago porque allí está enterrado Peder Kaeller. ¿Y quién fue Peder Kaeller? Pues un danés que a finales del siglo XIII o principios del XIV peregrinó a Jerusalén y a Santiago, algo habitual entonces –Martín Lutero aún no había venido al mundo- en toda Europa. En su tumba está representado con una palma y su bolsa muestra una concha de vieira. Lo curioso es que todo apunta a que se trata de un peregrino profesional, como recoge la profesora e hispanista Grethe Christensen en uno de sus trabajos.


Para entender lo que era un peregrino profesional hay que hacer el esfuerzo de situarse en aquellos años. ¿Quiénes iban a los grandes centros de devoción y de poder de la Iglesia católica, la única imperante entonces en casi toda Europa? Pues hombres jóvenes y sanos. De manera que si una mujer o un hombre mayor o un enfermo hacían una promesa al Apóstol Santiago estaba claro que no podrían ir en persona, de manera que pagaban a otros. A modo de ejemplo, la profesora Christensen asegura que en 1412, cuando falleció la reina Margarita I de Dinamarca, fueron enviados a Compostela tres peregrinos con el fin de que el alma de la soberana danesa descansara en paz.