viernes, 30 de marzo de 2012

Primera etapa rumbo a Fisterra


HdC. Negreiroa está pegado a Negreira. Y por ahí pasa la Prolongación a Fisterra y Muxía. De hecho, en Negreiroa abre sus puertas el albergue de peregrinos, a un poco más de una veintena de kilómetros de la plaza del Obradoiro, de modo que la fama de una de las localidades va unida a la de la otra. En este barrio de Negreiroa destacan, sobre todo, su crucero y su iglesia... y algo aparentemente intangible pero que no pasa desapercibido para el cuerpo: la subida final que remata en el albergue. Ciertamente no puede presumir de mucha longitud, pero semeja interminable puesto que ya es mucho el tiempo que el peregrino lleva poniendo un pie delante del otro. El esfuerzo merece la pena, en cualquier caso, porque ver Negreira entra en la categoría de lo relajante. La villa tiene una parte sinceramente horrible, para qué negarlo, fruto de la especulación urbanística más burda, pero o no se distingue o queda tan al fondo que no impresiona la retina. El que sí lo hace es el pazo de O Cotón, con su capilla al otro lado de la calle y unidas ambas piezas por un enorme y airoso arco. En suma, un buen final a la primera etapa rumbo al fin de la Tierra.

jueves, 22 de marzo de 2012

Xagoaza: iglesia, albergue, monasterio y… bodega


HdC. Sonoro y musical nombre: monasterio de Xagoaza. Para situarlo en un mapa, la localidad de referencia tiene un topónimo más oído y, si se quiere y en el buen sentido, vulgar: O Barco, comarca ourensana de Valdeorras, ayuntamiento que gestiona el albergue justamente de Xagoaza.

Pero centrándonos en el monasterio, hay que decir que lo componen un templo puesto bajo la advocación de San Miguel (siglo XII) el cual presume de cruz de Malta esculpida en su puerta principal. Y es que el lugar fue administrado por la orden de San Juan de Jerusalén. El cenobio en sí, datado en el siglo XVIII ha sufrido una gran transformación. Ya no alberga religiosos con hábito, no, sino enólogos de bata blanca, ya que ahora es una conocida bodega que se dedica a sacar al mercado unos reputados caldos de uva godello.

¿Y el albergue? Veinte plazas en literas. Y cocina. El paraje, muy bonito. Eso sí, muy poco conocido.

martes, 20 de marzo de 2012

Un valle desconocido en el Camino de Madrid

HdC. El valle del Hornija figura en muy pocas guías. Y el mirador sobre él se llama Peñaflor de Hornija, un pueblo pequeño con varios edificios dignos de parada. Entre ellos destacan la iglesia del Salvador, románica de los siglos XII y XIII, en estado ruinoso, y la de Santa María, de la centuria XIII. En las afueras, otro templo: la ermita del Cristo de las Eras (siglo XVI con reformas que datan del siguiente).

¿Y por qué hablamos aquí de Peñaflor de Hornija, además de por su sonoro y musical nombre? Porque se encuentra en el Camino de Madrid, entre Valladolid y Medina de Rioseco. Además, desde esta localidad al peregrino se le plantean dos opciones que confluyen en Castromonte. O bien va directamente o bien da un rodeo por La Santa Espina, con su impresionante monasterio. Pero de él hablaremos en otra ocasión.

viernes, 16 de marzo de 2012

Ladrillo hecho arte en San Vicente del Palacio

HdC. San Vicente del Palacio es un municipio de Valladolid que se encuentra en pleno Camino del Sudeste. La localidad más conocida antes de ese ayuntamiento es Arévalo, y la siguiente que suena es Medina del Campo. Alfonso X primero y los Reyes Católicos después tienen mucho que ver en su crecimiento primero y en su despegue más tarde.

Por ahí pasan los peregrinos, y raro es el que no se detiene ante su austera iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, aunque su nombre real es San Vicente Mártir. Aquí no hay que esperar el granito gallego, sino el ladrillo castellano que da forma a una sola nave con cúpula y pechinas en el primer tramo, y con los otros tres tramos cubiertos con bóveda barroca decorada con yeserías. Dentro, un notable retablo –de nuevo hay que regresar al barroco- y una cruz procesional labrada en plata en el siglo XVI, la cual procede del pueblo de San Miguel de Sarracino (o Sarracín), desaparecido para siempre en el siglo XIX y del que se conservan unos pocos restos.

El Camino, en efecto, está lleno de hitos. Muchos humildes, todos importantes.

martes, 13 de marzo de 2012

Paradoja en la Ruta de la vida


HdC. Son las personas, hombres y mujeres, las que han hecho los Caminos y las razones últimas de la existencia de los Caminos. No son rutas extraterrestres, sino mundanas, pero al mismo tiempo llenas –saturadas- de ilusiones, de deseos, de esperanza. Y también de muerte. Porque miles de anónimos peregrinos dejaron su vida en esa aventura que era –ahora lo es menos- salir de su casa en cualquier parte de Europa y echar a andar hacia Compostela.

De alguna de esas personas, muy pocas, queda constancia. En unos casos, por los registros que se llevaban en los hospitales. En otros, una ínfima cantidad, porque algo los recuerda a lo largo del itinerario. Este es el caso de Guillermo Watt, un peregrino que “abrazó a Dios” cuando tenía 69 años y se encontraba a tan sólo “una jornada” de Santiago. Así lo recuerda una placa colocada en el municipio de O Pino, de cuyo texto está sacado el entrecomillado.

En el Camino, sí, también se muere. Una paradoja en la Ruta de la vida.

lunes, 12 de marzo de 2012

La historia también está en las cosas pequeñas


HdC. En el Camino de Santiago, en todos los Caminos de Santiago, hay hitos enormes, magníficos, impresionantes. Y hay otros humildes, sencillos, sin nombre propio siquiera. Los primeros están destinados a permanecer en el tiempo (al menos durante un período largo de tiempo) y cualquier agresión contra ellos será inmediatamente replicada por persona y grupos que defienden y aman el Camino, y su queja y protesta recogida por los medios de comunicación. Los segundos están desapareciendo poco a poco, en silencio, sin que nadie derrame una lágrima por ellos.

Un ejemplo de esto es la fotografía que acompaña a estas líneas: una simple pieza de hierro a la que fueron atadas cientos, quizás miles, de cabalgaduras. Un objeto en desuso cuyo valor no se ciñe a lo utilitario, sino a lo sentimental, testigo mudo de una época que ya forma parte de la historia. Y por eso mismo se merece la misma protección -¡líbrenos Dios de decir herejía alguna!- que el monasterio de Samos o la Ponte Áspera de Sarria.

¿Existe? Sí, claro. Está en las casas de Rúa. Es decir, en el enclave medieval justo antes de llegar a Pedrouzo, hoy capital de O Pino y a su vez municipio limítrofe de Santiago en el Camino Francés. Por muchos años, y usted que lo vea.

martes, 6 de marzo de 2012

Santa Irene, una de las fuentes más bonitas del Camino Francés en Galicia


No todos los hitos del Camino están próximos a Compostela, pero quizás algunos de ellos que se hallan demasiado cerca se ven minusvalorados. Puede ser porque a esas alturas el peregrino ya tiene en la cabeza una llegada que intuye próxima; o puede ser que el cansancio haga mella. Pero nadie debería de pasar ante la fuente de Santa Irene -en el ayuntamiento de O Pino y antes de la capital  municipal- sin detenerse en ella un minuto. Para descansar, como se hizo siempre. O para refrescarse si el día lo pide. O sólo para hacerse una foto con ella de fondo.

La fuente sufre otro problema: se localiza al lado de una sencilla y elegante capilla, sí, pero al otro lado de la carretera que une Santiago con Lugo, que se salva en este caso por un túnel. Sin embargo, el albergue de Santa Irene está ahí a la vista, a un par de cientos de metros, y ello impulsa a ir en línea recta –reconozcámoslo: es más seguro, porque así no se cruza dos veces la carretera, por el túnel y luego de vuelta a la margen inicial pasando por encima del asfalto-. Nuestra recomendación: haga el peregrino como le pluguiere, pero no deje de lado la fuente de Santa Irene.